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Acerca del matrimonio.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

Panoramas de Reflexión

            El modelo tradicional del matrimonio en el que el hombre lleva el completo sustento del hogar cada día se practica menos, está desapareciendo. Sólo en los altos niveles socioeconómicos se sostiene esta práctica porque sólo ahí es posible. Ahora, en la mayoría de los matrimonios, las mujeres participan más activamente con la contribución al hogar de recursos económicos, vía empleo, ejercicio de sus profesiones, venta de plásticos, de cosméticos, perfumería, joyería, negocios establecidos y negocios en general.

            Esto es sano cuando la pareja inicia y tiene bien trazados sus objetivos y los medios necesarios para llegar a ellos. Desafortunadamente, en los medios que se anteponen para lograrlos están precisamente la mayoría de los problemas que se cruzan e estas buenas intenciones de mejorar la economía familiar. Con los medios me refiero al conjunto de aportaciones económicas y materiales, así como también al conjunto de situaciones que propician un ambiente cordial, encaminado a soportar las incomodidades que generan el exceso de trabajo. Es decir, cuando una pareja se pone de acuerdo y aplica todo lo pactado inicia todo muy bien, de maravilla diría yo. Sin embargo, cuando algo no previsto empieza a fallar y se dan problemas en el hogar como la infidelidad, la lucha por el poder, la falta de tiempo para la convivencia y el esparcimiento familiar, debido a la saturación de actividades que el trabajo adquirido impone, todo se viene abajo. Las parejas que inciden en estos problemas, comienzan a sufrir una serie de cambios negativos que afectan invariablemente su vida familiar y la vida de los hijos cuando los hay. Las mujeres que han aportado recursos económicos a través de los años para cimentar junto con su pareja un mejor nivel de vida, sufren y sufren mucho, al ver que todos sus esfuerzos se ven reducidos, menospreciados por su pareja que ha dejado de tener interés en esa relación. Con esto me refiero a aquellos hombres que abandonan a sus esposas, por lo general, a causa de la infidelidad, es decir, a causa de otra mujer. Otra mujer sin escrúpulos, que no valora los años de esfuerzo de una pareja y simplemente se une a un hombre casado que busca una aventura y que termina enamorado quizá de sus encantos, de su juventud, qué sé yo. Y que termina por cometer errores muy graves e irreparables porque aunque al final triunfe el amor de pareja, el amor de matrimonio, las huellas quedan y dejan cicatrices en el alma muy difíciles de sanar.

            Dónde quedan entonces los años de esfuerzo, las aportaciones de la mujer a la sociedad conyugal, dónde quedan los juramentos de fidelidad y demás votos matrimoniales. Insisto, valoremos nuestra vida, nuestro tiempo y nuestro dinero, cuidemos siempre lo que hemos logrado hasta ahora y no me refiero nada más al dinero, sino a los años compartidos con nuestra pareja, al menaje adquirido a través de años de trabajo y esfuerzo, a los bienes inmuebles patrimonio de los hijos. Se dice fácil, pero cuesta una vida lograrlos. Valoremos pues a la mujer que elegimos como compañera y evitemos a toda costa andar andrajosos y mal comidos, o vivir un matrimonio de apariencia por conveniencia económica. Todos cometemos errores pero siempre hay tiempo para repararlos. ¿No lo cree usted así amigo lector? Píenselo un poco. Que tenga un buen día.

Luis Humberto.

Integrante de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A. C. (REVECO).