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La alcahuetería y complicidad de los padres.

Por Jorge E. Lara de la Fraga

ESPACIO CIUDADANO

“Siembra carácter y recogerás hábitos; siembra hábitos y recogerás destinos…”

Es muy lamentable que adolescentes y jóvenes, en la plenitud de sus existencias, se encaminen por senderos inapropiados, donde el alcohol, las drogas, el libertinaje pleno y la violencia se hacen evidentes, con el desconocimiento o la complicidad pasiva de los padres y familiares de los muchachos descarriados. Los viernes y sábados de cada semana, en las ciudades populosas, son días críticos y proclives para que muchos elementos de las nuevas generaciones se congreguen en casas particulares, en lugares públicos de esparcimiento o en los denominados “antros” para desfogar sus contenidos ímpetus, poniendo en peligro su integridad física y provocando asimismo desórdenes o trifulcas de pronósticos reservados. Al respecto se han suscitado los casos en que vecinos de colonias o de áreas diversas de esta ciudad capital han presentado sus quejas y demandas por el comportamiento inapropiado y agresivo de jóvenes enajenados que utilizan determinadas calles para competencias de carreras de autos o para organizar orgías, sin que policías o autoridades competentes intervengan al respecto. Pareciera, en la mayoría de los casos, que los padres ignoraran esas recriminables conductas de sus vástagos, pero también ocurre que en singulares situaciones los alcahuetes progenitores refuerzan esas “malcriadeces” de sus consanguíneos y todavía expresan con cinismo esa necesidad de los jóvenes de experimentar “vivencias fuertes” para madurar a plenitud.

Como efecto de la impunidad, de la sobreprotección de los padres, de la ineficacia de los servicios de seguridad pública y del goce de ciertas influencias políticas, muchos alocados sujetos violan constantemente las normas estipuladas y se convierten en verdaderas amenazas para sus congéneres. Algunos de esos prepotentes individuos, en su tortuoso accionar, encuentran como resultado la cárcel, el hospital o el cementerio, ante esa carencia de apoyo afectivo-ético de sus consanguíneos. Surge a mi memoria una expresión machista de un padre orgulloso de su único hijo varón, el cual se significaba por su altanería y por su ausencia de respeto para con sus semejantes. Ese progenitor, con estudios profesionales y con responsabilidades públicas, les indicaba a sus colegas y amigos la necesidad de “cuidar a sus gallinas porque su gallo andaba suelto”, en un estúpido alarde de arrogancia feudal. A la postre ese hijo pernicioso, después de múltiples tropelías, encontró una muerte violenta a manos de una de sus víctimas.

Me pregunto cuántas tragedias se podrían evitar si los padres y familiares estuvieran más cerca de sus hijos y conocieran sus problemas, angustias, anhelos y proyectos; cuántos problemas se esfumarían si en verdad los mayores respaldaran a los renuevos con afecto del bueno y con ejemplos edificantes. No se vale únicamente darles dinero y comodidades a los jóvenes sin compromiso de ninguna índole, sin saber también por dónde transitan, quiénes son sus compañeros habituales y en qué invierten su tiempo esos inquietos seres movidos por la dinámica tormentosa de la época contemporánea. Peor resulta cuando uno de esos familiares, aun sabiendo que su pariente es un transgresor, lo solapa y trata por todos los medios y “palancas” que a su ser querido no se le sancione y goce de una aberrante protección. Es de suponerse que ese sujeto mal encaminado, con el apoyo incondicional de los suyos, siga procediendo mal y cometa delitos cada vez más graves.

“Tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe” reza conocido refrán y está a tono con lo que les acontece a esos desenfrenados elementos que caminan al borde del peligro, en la denominada “cuerda floja”, sin conducción positiva y con rumbo a un tobogán siniestro y sin esperanzas, donde el castigo se hará presente de manera brutal. Para esos padres irresponsables hay una frase del ilustre escritor griego Plutarco, misma que en el presente caso se adapta al tema y a la letra dice: “Pocos hombres son llamados a gobernar ciudades e imperios, mas cada cual está obligado a gobernar sabia y prudentemente a su familia y a su casa…”

Una madre le dijo a su hijo: “Aprende a bastarte a ti mismo, tanto en el arreglo de tus objetos como en la resolución de tus problemas… no esperes que los demás resuelvan por ti… sé en todo tú mismo; salga bien o salga mal lo que emprendas, sólo tú serás responsable de tus acciones y ese es el ejercicio que te capacitará para ser responsable de tu propia existencia…”

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Atentamente

Prof. Jorge E. Lara de la Fraga