TODO PASA

PIENSO, LUEGO ESCRIBO

Acostumbrado más a los malos tiempos que a los buenos, Ausencio descansaba plácidamente en una hamaca, afuera, en el patio de su casa. El verano estaba tardando en desaparecer y hacía sentir la intensidad del calor en forma implacable. Eran las seis de la tarde y el aire apenas empezaba a bajar de temperatura. Los arboles de tamarindo que había plantado desde que fincó en ese terreno, ahora le servían de sombra.

Su condición de obrero en una fábrica de producción de azúcar y alcohol empeoraba, en lugar de ascender, y mejorar su salario y prestaciones. Los frecuentes cambios de propietario del ingenio, habían traído inestabilidad a la empresa y los trabajadores. Cada transición venía con sacudidas: medidas restrictivas y recortes de personal. Ya estaba cansado, pero tenía claro que debía tolerar la situación. En pocos años se iba a jubilar y tendría que asegurar su bienestar y el de su esposa para el resto del otoño e invierno de sus vidas, si Dios les daba licencia.

Una tranquila tarde para relajarse. Ausencio, por rutina andaba en sandalias, un pantalón corto y se dejaba la camiseta blanca. Margarita su mujer, siempre las tenía limpias y acomodadas en el armario de la recámara. Le gustaba tener a su lado, en una mesita, el viejo radio de baterías, para escuchar su música preferida, los boleros de Javier Solís, que transmitían diariamente en un programa de la arcaica estación local. Pero, también para oír las últimas noticias sobre acontecimientos que ocurrían cerca y lejos del pueblo.

Por acuerdo conyugal no tuvieron hijos, a cambio, disfrutaban los fines de semana de la visita de varios sobrinos y ahijados. Así, su relación, con los sinsabores y jaloneos comunes, se movía sobre rieles, sin riesgo alguno de descarrilar, tan frecuente en esta temporada de la libertad, el empoderamiento feminista y la diversidad.

Pensaba con racional y moderada preocupación, en la ruta que seguía el mundo y el País. No era de los espantados o que se jalaran los pelos por ver el caos y la violencia que agobian a las grandes mayorías. Tampoco por la contaminación generalizada que padece la humanidad, hasta el envenenamiento de la mente  de las personas, con tal de empujarlas hacía el orden socioeconómico creado por una poderosa y rapaz oligarquía global.

No hay justificación a tal voracidad y salvajismo. Sin embargo, es consuelo saber que esa situación no será para siempre, tarde o temprano surgirán nuevas fuerzas o entraran en decadencia las imperantes. Se instaurará un nuevo orden mundial y ya se verá qué pueblos van a la vanguardia y cuáles serán los dominantes. Todo pasa, se impone la teoría dialéctica  del filósofo griego Heráclito de Éfeso. Nada es permanente, excepto el cambio constante.  

Lo mismo sucede con las crisis de los productos agroindustriales como el azúcar. El mercado en estos días alicaído y los precios bajaron. No obstante, los más afectados fueron los productores del campo, que resintieron la dramática disminución de sus ingresos, al recibir un menor pago por la caña enviada a la fábrica. Los dueños de los ingenios, solo ajustarán cuentas para amortiguar la caída de los precios del endulzante. Ausencio cavila, siempre al más jodido le va peor. ¿Cuándo se invertirá o cambiará esa dinámica?, se pregunta, mientras tanto repite a sí mismo, todo pasa, tenemos que seguir jalando la carreta. Hasta la próxima

Septiembre 3 de 2025

*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.

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