PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Sostener un proyecto político no es fácil. No solo es cuestión de ideología, de adoctrinamiento de las masas. Tampoco de mantener programas asistenciales. Es una tarea complicada y de mucha exigencia, pero no imposible. Tenemos de muestra a China, ahora una notable potencia mundial indiscutible, con una economía sólida y en pleno desarrollo en el concepto que se nos ocurra. El país oriental tiene una cultura ancestral y una evolución no a salvo de crisis que ha superado con éxito.
Que sucede en México, con una amplia y reconocida historia, que le aporta identidad, vitalidad y grandeza. Y aquí es donde viene la pregunta incomoda, ¿por qué este país no ha crecido con mayor ritmo en su desarrollo y bienestar colectivo?, como se esperaría o quisiéramos.
Hay muchas respuestas, o nos podríamos enfocar solamente en las causas y justificaciones de tal situación de estancamiento o cuestionable retroceso en etapas críticas, cuando se tiene un gran potencial humano y recursos naturales y culturales.
La más simple y común puede ser, que a lo largo de muchos años, fuimos acumulando una enorme carga de lastre, corrupción, impunidad, un sistema político que se fue degradando, ineficiencia pública, prácticas culturales y sociales nocivas y la ausencia de proyectos para el desarrollo científico y tecnológico.
Esas condiciones fueron generando la ofensiva brecha de la desigualdad y el empobrecimiento de un sector mayoritario de la población. Se multiplicó el número de vulnerables.
El resto, ya lo sabemos, el hartazgo avivado por los excesos y abusos de los dueños del poder político y económico, provocaron la explosión social y el país entró con brusquedad a la transición más reciente. Y como efecto, surgió una oposición radical y una obsesiva polarización social.
Otro síntoma, vemos que antes y ahora la cultura sigue relegada, subestimada, lejos de ser considerada una prioridad o relevante, sin pensar, que puede ser el gran motor y factor para restaurar y fortalecer el tejido comunitario.
Si queremos una nación prospera, desarrollada, en paz y con bienestar, es necesario invertir más en educación y cultura. No hay otra vía posible. Los proyectos políticos se mantienen y crecen porque están soportados por economías sustentables y sus valores culturales.
La cultura no es una concesión del Estado, es un legítimo derecho de los pueblos y ciudadanos. Una cultura que no es preservada y fortalecida deja el camino abierto a la deshumanización, degradación y polarización. Lo estamos viviendo en los tiempos actuales. Para la reflexión. Hasta la próxima.
Septiembre 20 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


