CAMALEÓN
En su mañanera del lunes la presidenta Sheinbaum apuntó contra los críticos de la construcción de la refinería Olmeca, en Dos Bocas: “se van a tragar sus palabras” porque, dijo, México cuenta con suficiente producción de diésel gracias a la modernización de las refinerías y la nueve en Dos Bocas, Tabasco. Señaló que este país es autosuficiente en producción de diésel. Pero, ¡oh¡ la realidad siempre presente: legisladores estadounidenses están proponiendo limitar las exportaciones de diésel como parte de una estrategia que detenga la escalada de precios de los energéticos en su país. De ponerse en práctica esa medida implicaría un duro golpe para México porque, según la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, nuestro país importó desde ese pais en junio de este año un promedio de 288,000 barriles diarios. Aunque existen otros mercados alternos donde adquirir diésel, pero a costo más elevado, no sería en corta distancia, lo cual implicaría demoras en la entrega, con las correspondientes complicaciones para el abasto.
El panorama se ensombrece aún más a causa del Acuerdo entre Estados Unidos y 14 países de América Latina para ejercer acciones conjuntas en contra de grupos criminales “con presencia o vínculos en México, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica”. Unidos en ese propósito están: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Trinidad y Tobago, México, Cuba y Nicaragua están ausentes. Sin embargo, en los hechos México está involucrado porque los cárteles mexicanos figuran entre los sancionados por ese grupo de países. En ese entorno México se está aislando, situación ue se acentuaría si en octubre próximo Lula da Silva no logra la reelección en Brasil. No pinta bien el escenario internacional para el gobierno mexicano, ya de por si bastante ocupado con problemas internos en materia de inseguridad, violencia, estancamiento económico, deuda pública con crecimiento exponencial, y por si no bastara, bajo la presión del gobierno estadounidense que reclama acciones contra políticos vinculados con organizaciones delincuenciales, que por cierto figuran en la lista de aquel Acuerdo entre gobiernos de naciones latinoamericanas y el de los Estados Unidos. En todo eso, algo tienen que ver los tres mil 200 kilómetros de frontera, una cercanía que al parecer nos aleja.


