PIENSO, LUEGO ESCRIBO
En un pequeño territorio, antiguo enclave de expresidentes municipales y políticos de un pueblo cafetalero mexicano, vivía Eustaquio, un patético aspirante a escritor de poca monta. Encerrado en su estudio de nueve metros cuadrados y custodiado por dos peludos de patas cortas, empezó a dar vueltas y mirar por la ventana. Su pensamiento estaba clavado en el tema de su próximo texto. Había superado la preocupación de que fueran ignorados, mejor agradecía verlos publicados en algunas generosas plataformas.
Su tendencia en los últimos meses y años, revelaba su preferencia a crear relatos mundanos y dejar a un lado por un tiempo, el inútil análisis político, lo decía, porque la política y los políticos, siguen en lo mismo, en la precariedad. Como ver una obra de teatro, cuyo guion ya está en la memoria colectiva, y está destinado al basurero de la historia.
Con su radar bien orientado, captaba y filtraba la información que recorrían los medios y las redes sociales. Con una modestísima cultura libresca, Eustaquio viene percibiendo con incertidumbre la evolución del libro, particularmente el impreso. Desde que la tecnología digital cambio su ruta. Las afectaciones alcanzaron a las editoriales, a las librerías y a los lectores de nuestra aldea nacional y el mundo.
Su ojo y atención se ubicaron en el anuncio reciente del cierre de la legendaria Ediciones Era, que fue casa editorial de grandes escritores mexicanos, Elena Poniatowsca, Juan Rulfo, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes , entre otros notables y consagrados.
El argumento para bajar la cortina fue las bajas ventas, ya no era costeable. El declive se remonta a la pandemia, declararon los dueños y administradores. Pero en los años recientes se agravó su situación financiera. Tras histórica vida de sesenta y seis años, la editorial mexicana cerraba sus puertas a sabiendas de que vendrían secuelas en esa cadena productiva y cultural.
Autores, librerías, trabajadores de la industria, junto con los lectores, quedaron a la deriva y tendrán que buscar, en el caso de los primeros, otras formas de sobrevivencia, migrar a otras empresas del ramo. Mientras que los lectores acudirán a diversas editoriales. Solo las poderosas multinacionales seguirán en el negocio. Eustaquio se afirma, esa es la cabrona realidad que se vive en este nuevo mundo de la tecnología digital, el internet y la inteligencia artificial. Hay muy poco espacio para maniobra.
Se nos quiere convencer que la IA es la solución mágica para alcanzar más altura, nos venden la idea de que es una útil herramienta. Sin embargo, también se advierte de los riesgos y el peligro que puede representar cuando sea usada con fines perversos. La violencia y polarización en buena parte del planeta es un tema asociado, los hechos no son ajenos. Para la mayoría, solo queda refugiarnos en la trinchera de la resistencia. Los ultra millonarios, dueños de las plataformas nos tienen acorralados, pero esa supremacía no será perpetua. Nada es para siempre. La humanidad como la naturaleza tiene sus propios mecanismos para asegurar su preservación. Los héroes o villanos de hoy tienen fecha de caducidad. Según Eustaquio, el libro seguirá con nosotros, también el impreso. Continuará siendo el gran contenedor de la memoria y fuente de la historia. Hasta la próxima.
Agosto 18 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


