Las fisuras de MORENA

CAMALEÓN

Durante la era priista las candidaturas a cargos de elección popular eran acatadas sin recibir protestas, y cuando estas afloraban eran inmediatamente sofocadas, la maquinaria partidista estaba bien aceitada, la disciplina y el sometimiento acrítico funcionaban con la precisión de un reloj. Por supuesto, el manejo de esa maquinaria requería de gente experta para la negociación y hasta para la intimidación. La verticalidad de las decisiones para candidaturas partía del eje central: el presidente de la república cuyos operadores eran el secretario de gobernación y el presidente del PRI, horizontalmente estaban los sectores, el obrero, el campesino y el popular cuyas dirigencias negociaban sus correspondientes porcentajes. No existía vacío de poder, el engranaje funcionaba a la perfección, quien se movía “no salía en la foto”, como lo resumiera pragmáticamente don Fidel Velázquez sempiterno líder de la CTM. No que en MORENA como partido dominante necesariamente se repitan las dosis priistas, el tiempo y las circunstancias son diferentes, también quienes  en el partido guinda operan los mecanismos de postulación de candidaturas.

El contexto político actual demuestra que la presidencia no mantiene como antaño el control absoluto de las decisiones en su partido, no es secreto que el residente en Palenque todavía conserva un coto de poder partidista bastante suculento. Quizás por ese nuevo engranaje y la deficiente operación política han surgido protestas en buena parte de las 17 entidades donde habrá relevo gubernamental. En Zacatecas, en Colima, en Guerrero, en Chihuahua, en Nuevo León, principalmente, los brotes debieran preocupar a la dirigencia de MORENA. La disidencia que ha brotado en esas entidades tiene como telón de fondo la duplicidad de mandos en MORENA, tal dualidad exige capacidad negociadora y pone a prueba a Ariadna Montiel y Citlali Hernández, en cuya prioridad está el rendirle buenas cuentas a Palacio de gobierno, sin menoscabo de la voluntad del fundador del Movimiento. En ese contexto la oposición encuentra terreno fértil para “cachar” la inconformidad surgida en el partido dominante. Así lo hizo en la década de los años 90 cuando la estructura del PRI comenzaba a crujir. Pero ¿MORENA va en declive? Esa es otra historia.

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