PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Agridulce puede ser el sabor de la vida, cada uno vive su circunstancia y tiene su percepción. Lo cierto es, que la felicidad y los infortunios, como las caras de la moneda, se van rotando, lo mismo que en la rueda de la fortuna, hay subidas y bajadas.
Maclovia llegaba a la tienda de Don Paco, la más surtida del pueblo. Unas cuadras antes había visto una camioneta de redilas, dos fuereños ofrecían un buen limón agrio a bajo costo. Dos kilos por diez pesos era una ganga. Tres meses antes se compraba en el mercado Benito Juárez a cincuenta pesos por kilo.
Algunas mujeres llegaron con su canasta y rodearon rápido el vehículo de los vendedores. El limón es un cítrico de muchos usos, en México es de alto consumo en la gastronomía y remedio para la salud por su contenido de vitamina C. Desde complemento infaltable, junto a la cebolla y el cilantro, en una orden de tacos al pastor, pasando por los platillos elaborados con pescados y mariscos. Una mojarra frita o un caldo de camarones. Terminando con sus aportes a las recetas de pastelería y repostería.
Hay en la República Mexicana, Estados y regiones con vocación citrícola. En Veracruz la zona de Martínez de la Torre y Álamo, ambas en el Norte. El producto es bien valorado por su calidad. Pero al fin actividad humana, la agricultura con el tiempo fue cambiando. Por un lado, para responder a la demanda de los mercados. Y por otro, ante el agotamiento de las tierras, se estaría practicando la rotación de cultivos. En el caso del limón en sus distintas variedades, ante el alto consumo, y en época de escasa producción, el precio se fue disparando en forma extraordinaria.
Sin embargo, en esta emporada aumentó la producción y su valor se desplomó en el mercado, haciendo difícil recuperar la inversión en los cuidados y gastos de la cosecha.
Se ha visto poco alentadora y efectiva, la estrategia institucional de promover la extensión del cultivo del cítrico a otros territorios, con tal de ayudar al abasto de los mercados, cuando en las regiones tradicionales no hay buena cosecha. La entrega de plantas de limón a agricultores con parcelas disponibles para cultivar, ha pretendido ser parte de la solución para regular la producción, el mercado y los precios. Otra medida paralela cuando hay excedentes en la producción, es la búsqueda de mercados para la venta en el extranjero. Por ejemplo, los recientes embarques de limón persa exportado a Japón.
Un paisaje no menos decepcionante se observa en la industria azucarera. Maclovia se acordó de su tío Gervasio, durante mucho tiempo, observó en su parcela el gran sembradío de caña de azúcar, de la mejor. Su cosecha iba directo a la molienda del ingenio El Huasteco, hace más de cinco décadas, cuando era propiedad privada. La factoría detonó la economía del pueblo. Los productores recibían apoyos y liquidaciones justas. El azúcar se vendía en el mercado nacional y significaba un redituable negocio.
Pero algo ocurrió en esa noble agroindustria que empezó a padecer crisis recurrentes, algunas con la sospecha de ser deliberadas o ficticias, creadas por la corrupción. En períodos críticos, las fábricas terminaron en manos del Estado, para impedir la quiebra y el impacto social negativo. Con recursos públicos fueron saneadas sus finanzas y se mantuvieron activas.
Después se presenta el fenómeno al revés. De nueva cuenta algunos ingenios fueron adquiridos por sociedades privadas, dejando entrar incluso al capital extranjero. En los últimos años se cuestionó, la decisión del gobierno de importar azúcar y alta fructuosa para abastecer la demanda interna. Esa política tuvo resultados indeseables para la industria nacional, pero más graves para los productores del campo cañero. Una parte de la producción no se movió por la saturación del mercado y provocó la volatilidad en el precio del azúcar. La competencia desleal, acusan, con el endulzante importado, llevó a la ruina o crisis a algunos ingenios, pero los más afectados fueron los productores agrícolas, los que siembran la caña.
Obliga a repensar en la planeación de la producción agrícola, desde la siembra hasta la cosecha, la comercialización y la justa dispersión de las ganancias para los actores del proceso. Además, la derrama económica en las poblaciones del entorno de los ingenios. Significa también el control o regulación de las importaciones y exportaciones. De que se puede, se puede. Es injusto e inmoral que el campesino y el productor, sean los más sacrificados en estas cíclicas crisis y continúen en condiciones de pobreza, pese a su esfuerzo cotidiano y apuesta al campo. Hasta la próxima.
Septiembre 1 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


