LOS COSTOS DEL SILENCIO Y LA SIMULACIÓN 

PIENSO, LUEGO ESCRIBO

Este sábado de febrero brillante y caluroso, subo al centro del pueblo en auto de transporte colectivo. A tres cuadras, al mismo tiempo que el conductor, veo en la banqueta a un joven desaliñado, semidesnudo y deambulando sin rumbo. Una imagen repetida que amenaza con ser parte de la escenografía cotidiana. La descomposición social notable y deplorable, va dejando un olor desagradable e inaceptable en el ambiente. Conductor y pasajero no podemos evitar la conversación que se desencadena.

El chofer suelta con descaro su discurso. Se refiere al relajamiento de las últimas generaciones de padres, permisivos, complacientes, demasiado generosos, sin pedir nada a cambio. Sin fijar límites, olvidando marcar obligaciones y responsabilidades. Se criaron seres humanos, hay excepciones, sin los valores y principios esenciales para la convivencia: el respeto, la empatía, la solidaridad y compromisos con la familia  y la comunidad.

Recuerda su infancia y relata, que su abuela y sus papás lo trataron con rigor, dice mano dura. Agrega, mis tíos son personas de bien y han convivido en santa paz. Al final, remata diciendo que debemos observar las fallas y carencias en el hogar, es el núcleo familiar donde podemos evaluar, revertir y recomenzar nuevos episodios de vida en la familia y en la sociedad. En el desastre que vemos todos somos culpables, el gobierno, la escuela, pero la familia tiene una responsabilidad ineludible, no hay forma de hacernos a un lado. Sería bueno hacer un ejercicio de seria reflexión individual y colectiva. Verificar los costos de la omisión, el  silencio y la simulación. 

Es la voz de la sabiduría popular, ni más ni menos, segura y convincente. Aguanta cualquier cuestionamiento o punto de vista  divergente.

Pero, ante el apocalipsis, siempre habrá opiniones y visiones positivas, más amables y esperanzadoras, con tal de evitar la depresión o muerte comunitaria y la extinción. Primero, reconocer la presencia de un fenómeno general de polarización y decadencia de los valores humanos fundamentales. Se insiste en un período de transición temporal, determinado por la confrontación y las ambiciones. La guerra antes de la paz o como justificación o medio para alcanzarla. La narrativa de lo absurdo.

Enseguida tendríamos que pasar de la retórica a la acción, sin romantizar, pero tampoco sin ocultar la realidad. Frenar los excesos, crear contrapesos, detener el paso de los depredadores y belicosos, causantes de la crispación, la anarquía  y la inestabilidad, para recuperar,  restaurar y reponer las reglas mínimas de la fraternidad y la sociabilidad.  

Hacerlo, sin miedo, corriendo riesgos. La orilla del abismo está muy cerca y por seguridad e instinto de conservación debemos aplicarnos. Si queremos o aspiramos a vivir en un mundo mejor en el presente y después dejarlo de legado, se necesita actuar con gran voluntad y decisión, para salvar lo que queda de la humanidad y del planeta. Hasta la próxima. 

Febrero 21 de 2026

*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.

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