CAMALEÓN
Por el inevitable flujo de la vida, la del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ha trascendido el umbral de nuestra dimensión, pero deja tras de sí una enorme estela coronada por un protagonismo político de profunda huella en la evolución política de México. Político mexicano atípico, Cárdenas Solorzano fue alérgico al usufructo del poder en vías de engrosar su patrimonio personal, no sucumbió a la tentación de utilizar la mentira ni la fuerza propiciada por la adhesión masiva a su causa para avanzar en sus propósitos electorales. Tampoco atendió en 1988 al delirante exhorto de las tribus izquierdistas de tomar el palacio nacional en protesta de un supuesto fraude electoral del cual no había prueba alguna. No incurrió en la apasionada injuria de señalar a Salinas como presidente espurio ¿con qué testimonio documental para comprobarlo? No consta en expediente alguno que Cuauhtémoc Cárdenas haya traicionado a su causa, siempre congruente sus actos obedecían al interés nacional. Su salida del PRI fue a causa de un manifiesto desacuerdo con el cambio de ruta de un partido político surgido como expresión de la Revolución Mexicana, pero ya orientado hacia un proyecto neoliberal fundamentado en la inminente globalización económica. La cerrazón del gobierno de Miguel de la Madrid hacia los planteamientos contrastantes de la denominada Corriente Crítica encabezada por Cárdenas, Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, principalmente, desembocó en el obligado éxodo que convirtió en ruptura el desacuerdo original. Finalmente, fue para bien de la democracia en México.
Ya fuera del PRI, Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, y miles de seguidores crearon el Frente Democrático Nacional para competir en la elección de 1988, en ese propósito los avaló el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, un satélite del PRI, para darle base partidista a la postulación de Cárdenas a la presidencia, a esa causa se sumaron el ingeniero Heberto Castillo y Gilberto Rincón Gallardo, iconos de la genuina izquierda mexicana, de gran valía ética de congruencia en el pensar y el hacer. Las crisis económicas aunadas a la devaluación del peso aumentaron la inconformidad social en el país, ese entorno social favorecía la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, mucho de cuyo capital político devenía de su padre, Lázaro Cárdenas, quien fuera un presidente de profundo calado en la población mexicana. Pero, de ese contexto, a ganarle una elección al PRI en 1988, sin infraestructura partidista, sin haberle alcanzado para nombrar representantes en todas las casillas, sin recurso económico para la movilización se antoja difícil, además, porque el PAN tuvo en Manuel Clouthier un candidato de gran convocatoria y previo a la elección su protagonismo atrajo la atención nacional. El resultado electoral favoreció al PRI con Salinas al frente, Cárdenas obtuvo un 32 por ciento de la votación, Clouthier en tercer lugar. Pero la famosa “caída del sistema” provocó el desconcierto y levantó explicables sospechas, el secretario de gobernación, Manuel Barttlet, declaró después que el presidente de la Madrid mostró preocupación por la avalancha de votos registrados en el estado de México y el Distrito Federal a favor de Cárdenas, los primeros que llegaron, pero la situación para el PRI fue mejorando con votos del área rural de la provincia mexicana y ciudades medias. El sobresalto insinuó el presunto fraude, pero la diferencia de votos entre el PRI y el Frente Democrático es elocuente constancia acerca de quién ganó esa elección. Que se recuerde, Cárdenas nunca insistió en un fraude electoral, ese comportamiento forma parte de su grandeza histórica, muy diferente a erigirse en líder con base en mentiras y de utilizar la convocatoria popular para beneficiarse políticamente. Con el impulso de Cárdenas y Muñoz Ledo la democracia en México se tradujo en órganos autónomos del poder político contribuyendo a la evolución política del país. Cuauhtémoc Cárdenas, un auténtico prócer político, sin duda alguna.

