CAMALEÓN
El caudal de enseñanzas derivado de la Revolución Francesa es de una riqueza invaluable por cuanto constituye un espejo donde se refleja el acontecer sociopolítico en toda nación en movimiento para superar desigualdades sociales, extrema pobreza, con gobiernos atrapados en su red de corrupción y gobernantes ajenos al bienestar de la población. La Revolución Francesa tuvo fuerte influjo de la Ilustración, por esa fuente de pensamiento legó al mundo contemporáneo principios de vigor imperativo en toda democracia: la separación de poderes, pesos y contrapesos, y la calidad de ciudadano, una vez despojado el individuo de su condición de siervo. De superar la condición de siervo para convertirse en ciudadano como motor del impulso social depende el avance de toda evolución democrática. Es condición sine qua non.
Lamentablemente, en México conservamos vestigios incubados durante el largo periodo de la Conquista y la Colonia, el sometimiento clasista predominó por siglos, un legado convertido en lastre psicológico, que en nuestro caso se transparenta en la actitud del ciudadano frente a quienes con su voto convierte en “servidores públicos” erigiéndolos a la vez en tlatoanis a quienes se debe reverenciar en vez de colocarlos bajo la lupa del escrutinio público exigiéndoles el fiel cumplimiento de su encomienda. Quien ocupa la presidencia de la república, la titularidad de un gobierno estatal o municipal, o quienes se supone son “representantes populares” no están por encima del “Ciudadano”. Solo quien permanece socialmente adormecido, en calidad de siervo, les atribuye una jerarquía por encima del ciudadano común. Esto último es a causa de la baja participación política que nos caracteriza. Cuando se critica a quien eventualmente está investido de poder se hace uso de un derecho de rango constitucional, porque el servidor público está obligado a rendir cuentas a la población que por mandato de ley sirve. En democracias avanzadas un funcionario a quien se sorprenda en actos de corrupción o profiriendo una mentira merece el repudio social y por supuesto su defenestración del cargo. Pero, cuán lejos estamos de esa circunstancia en México.


