PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Por Akiles Boy*
Un jueves de café en Xalapa con Nacho, un buen amigo y paisano de Pánuco, municipio de la Huasteca Veracruzana. Antes de las 9 de la mañana, en la céntrica calle 16 de Septiembre de Coatepec, abordé una unidad de Autotransporte Excélsior, nueva, flamante, todavía con el plástico adherido a los asientos. Hace unos días, los directivos informaban de la reciente inversión para modernizar el parque vehicular y brindar un mejor servicio a la comunidad. A mediodía, de regreso, en Los Sauces subí a una camioneta de la misma línea, confortable, climatizada, el costo del pasaje 10 pesos, con tarjeta de INAPAM, la módica cantidad de 5 pesos.
La reparación de un tramo de la carretera a la capital, hizo el tránsito lento y al bajar del autobús, caminé veloz a la calle Allende, el tiempo apremiaba, intentaba llegar al centro rápido y solicité la parada a un taxi. Pregunté ¿Cuánto cuesta el servicio a la calle Leandro Valle?, el conductor con cara de enfado contestó, son 35 pesos. Evidentemente no me convenció la respuesta, dije gracias y pensé en la opción de esperar un colectivo o un camión urbano. El chofer del taxi, con el rostro de más encabronado, arrancó y se alejó.
Paradoja de la vida o contraste común en la cotidianidad de este País. Unos con visión empresarial y compromiso social, invierten para mejorar la atención del usuario, su negocio es próspero y rentable. En cambio, es obvia la inconformidad y enojo de buena parte de los concesionarios y conductores del transporte convencional de taxi, porque también existe en el Estado, el servicio de transporte de pasajeros a través de aplicación, Uber, DiDi y otros.
El gremio de taxistas, el de los vehículos pintados de verde y otros muchos de rojo, sin considerar los piratas, ampliaron su flotilla en la pasada década de manera desmesurada, por la entrega (venta) irresponsable de concesiones, y no precisamente a los choferes con tiempo de servicio. Pues resulta que ahora, esas agrupaciones, son las que muestran resistencia al orden y regulación, la mayoría no acepta las nuevas tarifas, impuestas mediante un decreto oficial.
Basta mirar un poco atrás, para darse cuenta de la absurda discrecionalidad, el abuso, el desorden y la arbitrariedad imperantes en la prestación de ese servicio público, concesionado a particulares para satisfacer la necesidad de transporte y movilidad social. Esa conveniente situación, obligadamente ligada a la simulación y corrupción gubernamental.
De repente se olvida el tiempo que vivimos. Estamos ya montados en otro periodo de la evolución, natural o inducida, si se piensa en teorías conspirativas. Pero hoy los seres humanos deben activar y aprovechar su capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias. Es seguro que el mundo seguirá en este vaivén de avances y retrocesos, porque es la historia siempre contada.
México, no está al margen de esa arrolladora transformación, impensable por la vecindad con una de las naciones más poderosas y que marchan a la vanguardia. Su circunstancia nos afecta y hace vulnerables. La renacida ambición hegemónica y colonialista no es un mito o campaña mediática, es una realidad que se pudiera enfrentar sin temor, si conseguimos tener un País fuerte, competitivo y más desarrollado. Ese es el gran desafío al que debemos enfocarnos, y no gastar demasiada energía en conflictos domésticos, como el de los gremios de taxistas con el gobierno y los ciudadanos que requieren del transporte diario. Una tarifa justa y un buen servicio es lo que piden los usuarios. Los taxistas prestan un servicio público, que la autoridad cumpla su función de regular y vigilar. Así de simple, así de claro. Hasta la próxima
Julio 24 de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


