Abriendo Brecha
Con la presencia de una delegación estadunidense en Palacio Nacional y en una reunión con el presidente, se desató una serie de especulaciones en torno a la reforma eléctrica, al grado que se mencionó que se crearía una comisión especial para vigilar el proceso de parte del país vecino.
Quién sabe de dónde surgió esa especie que sugiere una vigilancia externa, precisamente en un asunto que sólo corresponde a los mexicanos y que está ligada a la recuperación de la rectoría en un sector tan sensible que es la producción, generación y distribución de electricidad.
Durante muchos años México entregó su soberanía, no se sabe sí en forma presionada o voluntaria, pero la realidad es que desde el periodo de 1988 que empezó con la gestión de Carlos Salinas, México dejó de ser país soberano y se sometió a la decisión externa, a juzgar por hechos y consecuencias.
De acuerdo a antecedentes, durante el gobierno de Ronald Reagan, de EU, empezó a fraguarse una doctrina que tenía como dogma que los estados tenían que reducirse y dejar todo al mercado, donde evidentemente los intereses particulares tendrían todas las canonjías.
Eso fue posible porque se permitió que esa doctrina, conocida como Consenso Washington, llegara a situaciones sin límites. Los gobiernos tendrían que renunciar a la rectoría de la economía y no importaba que ello llevara hacia la pauperización de la población, siendo los beneficios solo para unos cuantos.
A lo largo de este oscuro período, conocido como neoliberal, México tuvo que renunciar prácticamente a su soberanía y las decisiones gubernamentales se alejaron totalmente de la base del pueblo y todo se transformó en un mercado, feroz y caótico, que impulsó altos niveles de pobreza y el disfrute solo de unos cuantos.
Cuando en ocasiones uno se pregunta cuál ha sido el peor presidente que ha tenido México, enseguida damos un nombre, pero luego reflexionamos y encontramos que no fue el peor. Así es que la baraja de nombres, especialmente en estos últimos 30 años, no alcanza a describir la serie de injusticias que fraguaron y que han menoscaba el futuro de esta nación.
Aunque parezca una repetición inútil, siempre es conveniente refrescar la memoria. En el caso de Veracruz, la decisión de Carlos Salinas sobre cancelar la construcción de buques de 44 mil toneladas de peso muerto que se construían en Astilleros Unidos para Pemex fue sencillamente criminal.
Y no eran solamente estos buques, sino también se fabricaban todo tipo de embarcaciones, además de las reparaciones que se hacían en los muelles veracruzanos, que representaban miles de fuentes de empleos directos e indirectos por su industria satélite.
No está decir por demás que tal decisión afectó la economía del puerto de Veracruz porque luego se asoció con la extinción de los sindicatos de maniobristas que eran fuente importante de actividad monetaria, sí bien es verdad que también existían una serie de tropelías que tal vez hubiesen sido contenidas de otra manera.
Consecuencia de esto, se refleja también con un decaimiento del centro histórico de Veracruz, totalmente en el abandono desde hace varios lustros y que no habido capacidad para reactivarlo.
Esto es, sin embargo, ejemplo nimio, comparado con el enorme daño que se ha hecho al país. Es verdad que ha habido avances, pero son relativos y la riqueza no se ha distribuido hacia el grueso de la población.
La presencia de Zedillo fue ominosa. Creo la deuda conocida como Fobaproa al convertir deuda privada en pública y desde entonces México tiene que pagar una deuda multimillonaria sin fin; creo el sistema de pensiones privado que no será de gran utilidad para sus beneficiarios; vendió el sistema ferroviario nacional y dejó miles de personas sin un medio de transporte (él luego se fue a trabajar de directivo a la Southern Pacific); Fox fue la gran decepción e inició la debacle de la seguridad en el país que durante muchos años fue el signo distintivo del gobierno.
Fue un hombre dominado, tuvo los más elevados ingresos por excedentes petroleros y los tiró a la basura. No aprovechó para infraestructura. Luego Calderón, que llegó en una elección fraudulenta, inició la guerra contra el narcotráfico y de ahí el caos.
Se ha documentado esta etapa que combatió a un cartel y protegió a otro. Cifras de muertos como nunca y aquí se disparó por vez primera el número de desaparecidos que siguen siendo el dolor de cabeza de miles de familias que ya no viven una vida normal.
Enrique Peña Nieto sepultó al PRI, al haber modificado estatutos y ponerse al servicio de los poderosos. Impulsó una reforma energética para entregar los bienes del país a los extranjeros. Este caos y abuso desmedido propició que llegara otra opción electoral la que ahora propone retornar la industria eléctrica y petrolera bajo la éguida del Estado, aunque también con participación privada en un elevado porcentaje.
Este es el gran reto que vive el país. Los legisladores tienen la misión histórica de velar por los intereses de la nación. Es de conciencia y de principios, nada que ver con los bolsas de dinero que recibieron políticos desaseados en 2013 para aprobar una reforma que, de antemano, sabían que perjudicaría al país al entregarla a intereses extranjeros.
Y hasta la próxima.


