UNA HISTORIA CON FICCIÓN

PIENSO, LUEGO ESCRIBO

La siguiente es una historia con ficción. Se envolvió nuevamente en su mullida colcha y se quedó dormido. Al instante vinieron las fantasías que asemejaban tormentos. De niño se acostumbró a ir los domingos al parque cuadrado de la ciudad, adornado con altas palmeras y framboyanes. Siempre acompañado por sus hermanos y amigos de la colonia, disfrutaban andar corriendo por los pasillos de ese popular centro de recreación, el único que había en esos años de su infancia.

En ese lugar se soñó, recorriendo el parque, donde mujeres y hombres circulaban en sentido contrario, esa rutina servía para conocerse, ligar y encontrar pareja. Ya eran evidentes las áreas  delimitadas por la élite y los otros grupos sociales. Era una especie de clasismo enmascarado. Los jóvenes hijos de familias adineradas tenían una intocable zona privilegiada. Los clasemedieros o aspiracionistas, también con su propio territorio, igual los del proletariado.

Dejando la adolescencia, los chavos estaban un rato, se agrupaban y organizaban para seguir pasándola bien en el casino, un centro de esparcimiento donde los domingos se hacían fiestas y tertulias, siempre con música y baile.

A fines de los setenta no se vendían bebidas alcohólicas en la barra a los menores de edad, solamente refrescos de  sabor y pepsi o coca cola. Ese domingo de diciembre, algunos que ya tenían quince años o más, fueron llegando en grupos. En el gran local se revolvían los jóvenes de todas las clases sociales, no se notaba segregación o exclusión, ricos, clasemedieros y pobres se entregaban sin reservas a la diversión.

Aldo, Eduardo, Enrique y Fernando dirigían a la banda de los oligarcas locales, hijos de prósperos empresarios, ganaderos y comerciantes. Igual que en el Jardín citadino, procuraban apartarse de la raza de los de abajo.

Los clasemedieros o aspiracionistas y los de la prole se juntaban, sin respeto ocupaban el espacio para dar rienda suelta a sus deseos de ser visibles y reclamar la oportunidad de activar la escalera social.

Ese día Bartolo Ventura, alias “El Trompas” inquilino del suburbio norte de la ciudad, se coló al casino junto a Ramón, Carlos y Arturo, amigos de la preparatoria pública.

Bartolo tenia mala reputación, se decía era rijoso, resentido, además adicto y traficante de marihuana. Corría el rumor de traer pleito con Aldo y Eduardo, porque les quedó mal en un trabajito que le encargaron. El enojo de los poderosos era tal que ya lo tenían sentenciado. “El Trompas” había cobrado sin cumplir un trato.

Casi a la una de la mañana, los operadores de la música anunciaban el final de la tertulia dominical. El casino a esa hora se fue desocupando, poco a poco los muchachos abandonaban el lugar. Aldo, Eduardo y sus cuates, salieron, pero se quedaron afuera a platicar discretamente, algo habían tramado y pensaban llevarlo al cabo esa madrugada.

Lo que sucedió después fue un acto de cobardía, con premeditación, alevosía y ventaja. Cuando salió Bartolo del local, Aldo y sus aliados lo rodearon y se abalanzaron sobre él. Éste no esperaba el ataque y sería sorprendido. La golpiza fue brutal, Bartolo quedó tirado en el pavimento, conmocionado y sangrando del rostro.

Ramón y la flota de la colonia Zapata, apenas salían, al ver el cuerpo de Bartolo en la calle, corrieron a auxiliarlo. Lo movieron y no reaccionaba, entonces lo levantaron y subieron a un taxi que pasaba. “El Trompas” terminaría en el Hospital Civil, con un diagnóstico de varias costillas fracturadas y un leve derrame cerebral provocado por las patadas que recibió en la cabeza.

Un día después,  Ramón y Carlos lo visitaron en el hospital, su familia esperaba en la sala. “El Trompas” estaba fuera de peligro, pero su recuperación tardaría algunos meses. Pidieron permiso de verlo y entraron al pabellón donde estaba confinado. Al sentir su presencia, abrió los ojos y con voz débil y al borde del llanto dijo, ¡cuando salga de aquí, me vengare!

Al comenzar el verano, se regó como pólvora la noticia de que Aldo había sido asesinado a puñaladas al salir del billar. Los rumores apuntaban a Bartolo como el autor material del homicidio. Se inició su búsqueda en la ciudad y la región. “El Trompas” se hizo ojo de hormiga, la gente afirmaba que había cruzado la frontera. Nunca más se supo de él.       

Octubre 11 de 2026

*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.

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