CAMALEÓN
La condición de capital estadual tradicionalmente ha propiciado que la autoridad municipal se supedite a los dictados del gobierno estatal. Como sede de los poderes estatales la autoridad municipal de Xalapa casi siempre estuvo atenida a los designios del gobierno estatal en turno. Excepciones las ha habido, como el diferendo entre Carlos Padilla, alcalde de Xalapa, y el gobernador Acosta Lagunes, que obviamente perdió aquel. Pero casi siempre ha habido relación armónica entre ambos niveles de gobierno. La consigna del gobernador Murillo Vidal que consistía en que todo gobernador debe hacer obras para Xalapa por su condición de asiento de poderes ha estado vigente en sucesiones de gobierno. No pocas veces esa subordinación convencional ha sido mal interpretada por algunos alcaldes, que por conveniencia o incapacidad de gestión inhibieron su responsabilidad para atenerse al dictado estatal. Cumplidas excepciones las ha habido, por supuesto, más aún cuando en el avatar democrático se dieron los casos de alcaldes con distinto origen partidista al del gobernador en turno. Esa circunstancia comenzó a darse a partir de 1997 cuando el PRI perdió la alcaldía xalapeña ante el candidato del PRD Rafael Hernández Villalpando. En este caso las diferencias entre Padilla con Acosta Lagunes se quedaron cortas comparándolas con el acentuado grado de enfrentamiento al que llegó de manera imprudente Rafael Hernández con el gobernador Miguel Aleman Velasco, un litigio político que perdió, obviamente el audaz alcalde.
En la elección del 2000 tampoco ganó el PRI la elección municipal xalapeña, aunque como si hubiera ganado porque el candidato vencedor, Reynaldo Escobar Pérez, pronto se declaró como el alcalde “más alemanista de la entidad”. El PRI retomó la alcaldía xalapeña en 2004 con Ricardo Ahued, cuya popularidad fertilizó con votos la apretada victoria de Fidel Herrera sobre Buganza. La capacidad de gestión de Ahued se comprobó con la gran obra pública de su gobierno municipal, que mucho sirvió para que el PRI repitiera en 2007en la alcaldía encabezada por David Velasco, quien trabajó en armonía con el gobierno de Fidel Herrera. En 2010 repitió el PRI abanderado por Elizabeth Morales quien convivió políticamente con Fidel y con Duarte. Le sucedió Américo Zúñiga, también del PRI en 2013, quien al no encontrar apoyos programáticos del gobierno de Duarte de Ochoa por la penuria financiera del gobierno estatal, tuvo el valioso respaldo del entonces senador José Yunes Zorrilla para bajar recursos de la federación en favor de Xalapa. Electoralmente Américo estuvo presente en la elección del 2016 para el cambio de gobierno estatal en un proceso en el que Miguel Yunes Linares, del PAN, resultó triunfador para un periodo de dos años. Para la sucesión de Américo en la presidencia el PRI fue derrotado por la fuerza arrolladora de la marea política encabezada por López Obrador, en consecuencia el ganador fue Hipólito Rodríguez de MORENA cuya decepcionante administración no impidió que en 2021 el candidato de su partido, Ricardo Ahued refrendara con creces el triunfo de MORENA con la votación más elevada que munícipe xalapeño haya tenido. La vorágine constructora de la administración municipal encabezada por Ahued en su segundo periodo como alcalde dejó un antecedente que optimizó el animo xalapeño al advertir, ahora sí, que Xalapa iniciaría su despegue hacia la modernidad con obras de equipamiento e infraestructura urbana que mucho necesita. Sin embargo, hasta ahora, su sucesora y compañera de partido, Daniela Griego, quien a ocho meses de haber iniciado su gestión municipal no ha dado señales para el optimismo xalapeño.


