PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Avanzaba la fila con parsimonia. Pascual había madrugado, esta vez más que de costumbre. Muy temprano abordó el autobús para estar a tiempo en el hospital. Una cita para exámenes de laboratorio, parte del chequeo mensual. Con caminar lento, no ocultaba su fastidio, pero necesitaba estar seguro de su regular salud. Después de ochenta años, la vida se hace más compleja, obligadamente de mayores cuidados. De entrar periódicamente a mantenimiento preventivo o correctivo si es necesario.
Había notado que en unos minutos el número de citados crecía en forma descomunal. Pascual ya resignado, decidió cruzar palabras con Emeterio, el sexagenario que le seguía. Una interesante plática se desató entre ambos. Sin embargo, el tiempo apenas serviría para que el primero despepitara sus recuerdos.
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Pascual era originario de San Marcos, una localidad ubicada en la mejor zona cafetalera de la región, dicen por la altura, y le confiesa que había heredado una parcela, en realidad, una pequeña finca de café.
Tenía demasiado fresco en su memoria los avatares de los cafeticultores locales, desde las malas experiencias de los contratos con la banca oficial, en alguna época, el Banrural, y los créditos que muchos terminaron en alegres fiestas familiares, no sin antes pagar la comisión respectiva a los representantes bancarios.
Después el intento institucional de impulsar el cultivo, producción y comercialización del café, cuando el gobierno federal creó el que fuera famoso, Instituto Mexicano del Café, que terminaría naufragando en las aguas de la ineficacia y la abrumadora corrupción.
Recuerda bien, la grave crisis provocada por el error del 1994, la cual arrastró a cientos de productores, llevando a muchos a la quiebra o al abismo económico por el súbito y ruinoso endeudamiento.
Todavía no llegaban a la ventanilla para entregar la orden del médico y la tarjeta. Pascual sigue con su narración. Escuche Emeterio, hace cinco años quedé viudo. Tengo un hijo que emigró a Seattle, Estados Unidos, no sé exactamente en qué trabaja, pero tiene veinte años del otro lado del Río Bravo. Extrañamente dejó a su esposa y a su hija, y solo les envía dinero y viene de visita los fines de año. Más, no me entero de su vida.
Continua diciendo, ya le advertí que estoy arreglando los papeles de la parcela para dejársela y que él la trabaje. Esa será su herencia. Creo que lo entendió y aceptó. Me hizo la promesa de regresar pronto. Mientras hago lo que puedo en mis tierras, y encuentro un notario de fiar. Ya sabe, han ocurrido muchos despojos de propiedades de gente mayor, en los cuales están coludidos o asociados funcionarios, abogados y fedatarios públicos.
La verdad Emeterio, yo tengo confianza en que el café siga redituando, aunque sea para una modesta vida. Ya ve, tanto que hemos batallado con la roya y otras plagas de la planta. De las organizaciones de productores no hay mucho que hablar y tampoco guardo alguna esperanza, los líderes o cabecillas negocian en los oscuro los apoyos y beneficios, que ellos también entregan a quienes quieren o les conviene. Señor, tenemos una generosa tierra que nos da para comer bien, de eso estoy seguro, igual que la corrupción nunca podrá acabarse. Ya nos veremos alguna otra vez. Hasta la próxima.
Julio 15 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


