Astrolabio Político
“Los fracasos hunden a los necios; a los sabios, les levantan”. – Eusebio Gómez Navarro.
El sistema de partidos en México atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La hegemonía electoral de Morena y sus aliados ha modificado el tablero político nacional al grado de reducir a expresiones marginales a fuerzas que durante décadas marcaron el rumbo del país. PRI y PAN, antiguos pilares de la competencia democrática, viven hoy una profunda crisis de identidad, liderazgo y credibilidad.
En ese contexto aparece Somos México, instituto político de reciente registro nacional que buscará participar en las elecciones de 2027. Su nacimiento genera expectativas legítimas. Toda democracia requiere oposición, contrapesos y nuevas voces capaces de cuestionar al poder con argumentos, propuestas y una visión distinta del país.
El problema comienza cuando el discurso de renovación empieza a contrastar con los rostros que se asoman para dirigir el proyecto.
En Veracruz ya empiezan a surgir nombres, operadores y promotores que difícilmente pueden presentarse como expresión de una nueva política. Son personajes que durante años encontraron en los partidos tradicionales una forma de vida, no una vocación de servicio. Muchos hicieron carrera transitando cómodamente entre gobiernos, candidaturas, cargos públicos, asesorías y posiciones privilegiadas financiadas con recursos públicos.
No fueron precisamente ciudadanos construyendo democracia desde abajo.
Fueron profesionales del presupuesto.
Con la llegada de la Cuarta Transformación, buena parte de esos espacios desaparecieron. También terminaron privilegios, negociaciones políticas permanentes y viejas prácticas que durante décadas permitieron a muchos vivir alrededor del poder sin generar resultados que hoy puedan presumir ante la sociedad.
Por eso resulta inevitable preguntarse si Somos México será realmente un nuevo partido o simplemente una nueva franquicia para los mismos operadores de siempre.
Veracruz representa quizá el laboratorio más interesante para responder esa interrogante.
La entidad ha sido históricamente una escuela de operadores electorales. Aquí sobreviven viejas estructuras priistas, panistas y perredistas que conocen perfectamente el funcionamiento de los procesos internos, la integración de comités municipales y el control de candidaturas.
No sorprende entonces que muchos de esos cuadros comiencen a acercarse al nuevo instituto político.
Lo preocupante sería que terminaran apropiándose de él.
Porque una cosa es incorporar experiencia política y otra muy distinta entregar el control a quienes la ciudadanía ya rechazó en las urnas.
Toda organización política necesita dirigentes con capacidad, pero también con autoridad moral.
Si el nacimiento de Somos México termina convertido en un desfile de exfuncionarios reciclados, de operadores cuestionados o de políticos que simplemente buscan mantener vigente su carrera, el partido habrá perdido su principal activo antes incluso de competir: la credibilidad.
En los corrillos políticos veracruzanos también comienza a mencionarse la presencia de diversos exmilitantes del PRI vinculados al grupo político de José Francisco Yunes Zorrilla, lo que ha alimentado especulaciones sobre una eventual cercanía futura con este nuevo proyecto. Hasta ahora no existe una definición pública en ese sentido, pero el solo hecho de que dichas versiones circulen refleja el intenso reacomodo político que vive la oposición rumbo a 2027.
Las versiones también encuentran explicación en otro fenómeno político: las dificultades que distintos liderazgos han enfrentado para encontrar espacios de operación dentro de Movimiento Ciudadano, donde las decisiones internas y el control de las estructuras responden a dinámicas propias que no necesariamente permiten la incorporación de todos los grupos regionales.
Si Somos México pretende convertirse en una verdadera alternativa nacional deberá entender una realidad elemental.
Los ciudadanos ya no buscan partidos nuevos con políticos viejos.
Buscan políticos nuevos con ideas nuevas.
Existe una diferencia enorme.
El desgaste de PRI y PAN no obedeció únicamente a derrotas electorales. Fue consecuencia de años de excesos, corrupción, grupos cerrados, candidaturas heredadas y dirigencias incapaces de escuchar a la ciudadanía.
Repetir ese modelo bajo un logotipo distinto sería condenar al nuevo partido a recorrer exactamente el mismo camino.
La oposición mexicana necesita reconstruirse.
Pero reconstruirse no significa reciclar.
Significa abrir espacios a liderazgos sociales, académicos, empresariales, juveniles y ciudadanos que nunca encontraron cabida en los partidos tradicionales precisamente porque éstos terminaron convertidos en clubes privados administrados por pequeñas élites políticas.
La verdadera batalla de Somos México no será contra Morena.
Será contra la tentación de convertirse en refugio de quienes ya tuvieron oportunidad de gobernar, dirigir partidos o administrar recursos públicos sin lograr convencer a la sociedad.
En Veracruz esa prueba llegará muy pronto.
Cuando se defina quién encabezará la dirigencia estatal sabremos si el discurso de renovación era auténtico o únicamente una estrategia para cambiar de camiseta sin cambiar de prácticas.
Porque los veracruzanos no necesitan otro partido convertido en agencia de colocaciones para exfuncionarios.
Necesitan una oposición seria, preparada y honesta que fiscalice al poder, construya propuestas y represente auténticamente a una ciudadanía cansada de las simulaciones.
Si Somos México permite que las viejas estructuras se apropien de su futuro, habrá nacido viejo.
Y en política, pocas cosas envejecen más rápido que un partido que promete cambiarlo todo mientras entrega las llaves a quienes ya fueron parte del problema.
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

