Los Profetas del Espejo

Astrolabio Político

““De la misma manera que ustedes juzguen, serán juzgados”. – Mateo 7, 2.

Existe una especie particularmente interesante dentro del ecosistema periodístico nacional. No es rara, aunque sí escandalosa. Se trata del periodista iluminado. Ese personaje que no informa: revela. No analiza: sentencia. No argumenta: excomulga.

Su principal característica es que posee una verdad que nadie más alcanza a ver. Una verdad superior, exclusiva, casi mística. Una realidad paralela donde todos están equivocados, excepto él.

Para estos modernos profetas de la comunicación, los hechos suelen ser incómodos cuando contradicen sus convicciones. Entonces los hechos dejan de importar y son sustituidos por percepciones, sospechas, intuiciones o estados de ánimo. La evidencia pasa a segundo plano. Lo importante es la narrativa.

Lo ocurrido recientemente en el Club de Periodistas de México, delegación Veracruz, retrata perfectamente este fenómeno. Bastó la presencia de un comunicador señalado por algunos como cercano al actual régimen para que surgiera el reclamo airado de otro colega convencido de que la pluralidad es maravillosa… siempre y cuando todos piensen igual que él.

Lo curioso del caso es que la institución cuestionada ha reconocido en diversas ocasiones la trayectoria de ese mismo personaje inconforme. Premios, reconocimientos, aplausos y fotografías fueron durante años motivo de orgullo. Hoy, sin embargo, pareciera que aquellos galardones perdieron valor. Al parecer, cuando cambia la coyuntura, también cambia la memoria.

Es la extraña alquimia de la indignación selectiva.

Algo similar ocurre con ciertos comentarios que recientemente circularon en redes sociales sobre Veracruz, -el caso del periodista Ricardo Ravelo- expresado en la red social “X”, resulta llamativo, escuchar a quienes aseguran no poder visitar su tierra natal debido a condiciones de inseguridad, mientras al mismo tiempo mantienen presencia pública, participan en eventos, sostienen reuniones y continúan desarrollando actividades profesionales con absoluta normalidad.

Por supuesto que nadie está obligado a sentirse seguro. El miedo es una percepción profundamente personal. Pero cuando esa percepción se convierte en argumento político, la pregunta inevitable aparece: ¿estamos frente a una denuncia sustentada o frente a una construcción narrativa?

Más aún cuando el mismo espacio digital donde se expresa preocupación legítima por una periodista desaparecida sirve también para deslizar acusaciones, insinuaciones o sospechas sobre funcionarios públicos sin acompañarlas de pruebas verificables.

Porque una cosa es cuestionar al poder, obligación fundamental del periodismo, y otra muy distinta convertir la insinuación en método de trabajo.

El periodista tiene la responsabilidad de preguntar. Tiene el deber de investigar. Tiene incluso el derecho de incomodar. Pero cuando posee información relevante sobre posibles irregularidades, su tarea consiste en documentarla y presentarla. No en administrarla como si fuera una nube de misterio suspendida sobre el debate público.

La sospecha permanente puede ser rentable en redes sociales. El rumor suele generar más clics que la investigación. La intriga produce más aplausos que la evidencia.

Quizá por eso vivimos tiempos donde algunos colegas han sustituido la libreta por el púlpito.

Y así vemos surgir a los nuevos inquisidores de la verdad absoluta: personajes que exigen tolerancia mientras reparten intolerancia; que reclaman censura mientras buscan cancelar a quienes piensan distinto; que denuncian fanatismos mientras practican los propios con admirable disciplina.

Si tienen pruebas de delitos cometidos por funcionarios públicos, presenten las pruebas respectivas, es lo menos que el oficio profesional obliga.

Lo más irónico es que, en su afán por convertirse en guardianes exclusivos de la verdad, terminan pareciéndose demasiado a aquello que dicen combatir.

Porque el periodismo no debería consistir en fabricar creyentes.

Debería consistir, simplemente, en buscar la verdad.

Incluso cuando esa verdad no coincide con nuestras filias, nuestras fobias o nuestros intereses.

Y ahí es donde muchos comienzan a sentirse incómodos frente al espejo.

Al tiempo.

astrolabiopoliticomx@gmail.com

“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

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