PIENSO, LUEGO ESCRIBO
El cadáver de un masculino, yacía sobre la fría plancha del anfiteatro del Servicio Forense. Un criminalista, con mano experta cumplía el requisito de la necropsia de ley. El hombre, identificado como Ismael Reséndiz Contreras, había muerto asesinado veinticuatro horas antes, en uno de los barrios pobres de la ciudad.
El Fiscal Javier Olmedo Fraga, estaba al pendiente de los resultados, ya tenía abierta la carpeta de investigación número 067/2026. El delito, homicidio calificado, sin sospechoso. La víctima, según los primeros datos de la indagatoria, tenía ya antecedentes penales. Un amplio historial de robo, extorsión, tráfico de estupefacientes y violencia familiar.
Un mes antes, María de Jesús, concubina del fallecido, se encontraba en el supermercado con Griselda, una antigua amiga y confidente de muchos años. Era la enésima ocasión que a Chuy, como le decían, le veía excesivo maquillaje en el rostro y moretones en los brazos y piernas.
Le mostró una cara de enojo y compasión, ¡Otra vez mujer! Ese maldito te golpeó. ¡Mira, cómo te dejó!. ¿Por qué no lo denuncias?, un día de estos te va a matar. Chuy escuchaba con la cabeza baja, su amiga tenía razón. Pero no sabía qué hacer. Estaba asustada y temía por el destino de sus dos hijos.
No te aflijas más mujer, le dijo, yo te ayudaré a buscar la solución. Griselda estaba pensando en su amigo Melchor, un matón a sueldo, también llamados sicarios. Ya estaba urdiendo un plan para librar a Chuy de ese monstruo que resultó su pareja.
En solo un día, Olmedo Fraga, el fiscal encargado de la investigación, ya contaba con el dictamen firmado por el perito criminalista Alfonso Vera Montiel. La muerte de Ismael, había sido causada por un certero disparo de un revolver calibre 38, la bala que penetró, interesó directamente el corazón. La muerte fue al instante. No había huellas de violencia ejercida sobre su cuerpo. Al fiscal solo le quedaba buscar algún testigo, que le aportara información del agresor. El cuadro pintaba para una ejecución.
Después de la plática con Chuy, Griselda acordó una cita con Melchor en un antro de mala muerte, en los suburbios de la ciudad. En ese sitio, le comentó la situación de la amiga y su deseo de salvarla de una muerte segura, sacarla del calvario en que vivía. Fueron suficientes dos horas de conversación y tres tequilas, los dos salieron con un plan en la cabeza.
Por su parte, Olmedo Fraga dejó correr por inercia la investigación, no había pistas, tampoco alguna línea para empezar. Sin testigos, el asesinato se había cometido en la madrugada de un lunes. Empezaba a presumir, a darles vueltas en la mente, un posible ajuste de cuentas entre delincuentes.
Un grupo de la policía ministerial ya había acudido al domicilio marcado en la única credencial que encontraron en la cartera del difunto. La vivienda estaba desocupada, en apariencia abandonada.
A los dos meses de la ejecución de Ismael. Chuy dio por desaparecido al sujeto. Nunca supo más de él. Tampoco pensó en buscarlo, pues no conocía a algún pariente para preguntarle. Se lo había tragado la tierra. Efectivamente, eso ocurrió, nadie se presentó a reclamar el cuerpo y fue sepultado en la fosa común.
Un fin de semana, inesperadamente se presentó Griselda en la casa de Chuy. Ésta le narró la historia de la desaparición de Ismael, la amiga la escuchaba con interés, mientras sus labios dibujaban una sonrisa. La paz llega con la justicia, y en eso había intervenido ella.
Nunca confeso a su amiga, que ella era la causante de su liberación. Melchor la había adiestrado en el manejo de algunas armas. Ella junto con el sicario, planearon el crimen. Griselda lo ejecutó.
Mayo 31 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


