PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Soledad, una escritora consagrada, se había retirado del oficio dos años antes. Justo en una temporada de tensiones en el mundo. Los seres humanos empeñados en la fiera pelea por la hegemonía, por la expansión territorial y el apoderamiento de los recursos. Con el ánimo bélico exagerado, sin importar romper la armonía y el equilibrio del planeta. La obsesión, el delirio, la ausencia de escrúpulos en los líderes y gobernantes.
Se cansó de sembrar sin obtener los frutos esperados. De gritar en el desierto, buscando eco a su irrenunciable idea de vivir en una tierra en paz y con oportunidades de desarrollo para todos sus habitantes.
Su experiencia en la docencia, mucho antes de convertirse en escritora, había sido desastrosa, le desencantó y por impulso tiró la toalla. Demasiado esfuerzo, con flacos resultados. Las generaciones de las últimas décadas cambiaron de intereses, forma de pensar y estilo de vida. A partir de la globalización y la tecnología digital, el mundo es distinto.
Demasiada bronca, dicen los argentinos. El desacuerdo y la confrontación directa es el pan de todos los días, en la aldea chica y en la grande. Los belicistas atizan a la guerra, agreden sabiéndose superiores. La Tierra escenario del caos y la violencia en diferentes manifestaciones, imposible la estabilidad y la paz.
Los del Norte desprecian a los de Sur, los intimidan, los arrinconan, se aprovechan de su vulnerabilidad, porque ambicionan sus recursos y los prefieren sojuzgados. Hay poco margen para el dialogo o la diplomacia, sin fuerzas de contención, ni capacidad en caso de un enfrentamiento armado y una eventual invasión. Peor aún, el pueblo dividido, entre grupos de derecha, como aquellos conservadores del siglo XIX en la Intervención Francesa, que añoran beneficios y privilegios del pasado y apuestan por los intrusos, y ahora los grupos de izquierda que ha impuesto y defienden un nuevo proceso de transformación del País.
Soledad, viuda, gracias a Dios, dice, después de la muerte de su marido, decidió buscar refugio en un pueblo de la montaña, para estar cerca del cielo y cuando muera no le quede lejos. A gran distancia del bullicio de la urbe frenética, agobiada por el tráfico y la histeria colectiva. Los automóviles inundaron las ciudades, cuando fueron preferentes la comodidad y las apariencias. Aislada también de los medios que continúan torturando a la audiencia, con sus grotescos contenidos de nota roja y de la farándula.
En esta etapa de su vida y descartando las pretensiones matrimoniales, no le asustan los fantasmas que acosan las almas solitarias. Agradece la soltería y estar viva. Se subió al tren de la evolución y seguirá observando y apropiándose de lo mejor de los nuevos tiempos. Decidió mantener activa su capacidad de asombro y evitar la obsolescencia.
Ningún tirano, desquiciado líder o gobernante iluminado, que quisiera traer de vuelta a Napoleón Bonaparte, Adolfo Hitler u otro que se le parezca, le quitará el sueño o el hambre. Se retiró de las letras, pero continuará con su agudeza y buen ojo crítico, percibiendo y cuestionando los infinitos contrastes de este mundo. Hasta la próxima.
Julio 20 de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


