Por Akiles Boy*
Les cuento, cursando el sexto grado de primaria en mi pueblo, la profesora Susana, uno de los tractivos visuales de la plantilla de la popular escuela Dolores Correa Zapata, me endilgó la representación de Benito Juárez García, para una dramatización que se presentaría el 21 de marzo, fecha de nacimiento del prócer. Recuerdo bien, sin pasar por casting, me dieron el personaje principal. Se trataba de presentar un recorrido por la vida del ilustre reformador. Debía ser aquel indio zapoteca cuando era un niño. Moreno, de baja estatura y pelo lacio, favorecieron que me ganara el papel sin problema. La experiencia fue buena e inspiradora. Jamás pasó por mi cabeza ser actor, pero si abogado, como el héroe oaxaqueño.
Ese pasaje lo traigo de vuelta, porque se perciben, desde hace algunos años, continuas notas y textos sobre, la no muy reciente inquietud de los pueblos indígenas de América, de emprender o reavivar la iniciativa para recuperar suscasi desaparecidasculturas y reposicionarlas en los nuevos tiempos globales y digitales. Esos pueblos originarios que fueron avasallados o reducidos por las invasiones y el colonialismo salvaje de los imperios europeos.
Particularmente en México, los pueblos indígenas, continúan sobreviviendo en sus refugios o territorios que hicieron habitables, antes tierras agrestes e inaccesibles. No vale la pena mencionar siquiera, el fracaso de los programas gubernamentales o institucionales de integración o incorporación a la modernidad y desarrollo. La realidad sigue desvelando la pobreza y marginación en la que permanecen. Son los rezagos crónicos de países como el nuestro.
En ese contexto, bastante conocido, con una visión aguda y con crudeza, Mario Millán Soto, crea la historia de su novela, de reciente aparición, Que Dios te salve, María. En esta obra, el autor, a través de una narrativa humana y sencilla, sin eufemismos ni lenguaje florido, va contando la vida de María y los grandes desafíos, que debió enfrentar hasta su muerte, por su condición de mujer, indígena y desposeída.
Millán Soto, El Nahual de Tetelilla, es un multifacético artista de gran altura, su amplio acervo cultural, que no es por la magia y obra de la inteligencia artificial, sino acumulado durante décadas de trabajo y servicio, lo viene desgranando en forma generosa desde hace años, mediante sus obras literarias y presentaciones, donde se entrega y entrega lo mejor de sus vivencias y experiencias.
Forjado en la rudeza y el trabajo arduo y perseverante, sigue en sintonía positiva y esperanzado en que mañana, al amanecer, tengamos un mundo mejor. Escribe, pinta, canta y algunos instrumentos musicales le son familiares, lo que comparte con el sentido didáctico que proviene de su genética. Cumple esa misión con gusto, con el único interés de sembrar su semilla, semejante a la que le sembraron sus antepasados.
En la crónica de sucesos, Millán Soto, no solo nos cuenta la dramática vida de María, también en el curso de la narración, va dejando evidencia de su perspectivasobre la realidad nacional, anterior y actual, de su México querido, es decir, no se resiste a ejercer la saludable crítica social, que tanta falta hace, y nos obliga a la reflexión. El derecho de los irreverentes, no transgresores, que tozudamente aspiran a mejorar el entorno, especialmente para los pueblos indígenas, tan simuladamente apreciados y atendidos, pero tan marginados y victimas del racismo, que lacera el alma de nuestra identidad.Hasta la próxima
Abril 22de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


