La fe y la búsqueda del bien común van de la mano. Las condiciones
favorables para vivir con dignidad cada día se llaman bien común. Las
circunstancias adversas que se viven durante este tiempo de crisis no pueden
dejar tranquilo al discípulo de Jesucristo. Él mismo siempre tuvo como
programa de vida atender a todos los necesitados de su tiempo y lograr que
buscaran una vida digna con la implantación del Reino de Dios. El amor de
Dios y su pasión por el Reino de los Cielos empujaban a Cristo para estar al
pendiente de cualquier necesidad de las personas que andaban vulnerables en
la vida. Muchos pasajes evangélicos nos refieren la gran capacidad de
respuesta de Jesús para dar su vida por la gente más necesitada; él entregó su
vida en la cruz para la salvación eterna y lograr una vida más plena para todos
los hombres y mujeres de cada país y sociedad.
El creyente necesita imitar a su maestro en su programa de vida. El cristiano
solo y sin fe no puede hacer mucho por los demás. Es imprescindible que
celebre una fe y la transforme en oración, para que pueda hacerla realidad en
favor de las personas más vulnerables. Por eso, santa Edith Stein recomienda
poner la fe y la vida en el árbol de la cruz: “Gracias al poder de la cruz puedes
estar presente en todos los lugares del dolor a donde te lleve la caridad
compasiva, una caridad que dimana del Corazón Divino, y que hace capaz de
derramar en todas partes su preciosísima sangre para mitigar, salvar y redimir”.
El poder del amor en la cruz hace posible estar con los excluidos y marginados
para darles esperanza de vida y aliento en todo momento.
Siempre tendremos la posibilidad de acabar con el incremento del número de
personas cada vez más pobres. No hay programa de promoción humana que
haya podido reducir la cantidad de personas que necesitan del apoyo integral.
Los cristianos estamos llamados a socorrer y a buscar el desarrollo de muchas
personas que sufren en carne propia la pobreza y la exclusión de las riquezas.
Los cristianos con su fe en Cristo deben inspirarse en la cruz para poder decir
con el corazón: “Te saludamos, Cruz Santa, única esperanza nuestra. Así lo
decimos en la Iglesia, cuando vivimos un tiempo de sufrimiento, que es bueno
que nos dediquemos a la contemplación de los amargos sufrimientos de
Nuestro Señor Jesucristo”. La cruz de Cristo nos hace y nos hará personas
nuevas para luchar por la justicia y la paz.
Pbro. Juan Beristain de los Santos
Director
Oficina Comunicación Social
Arquidiócesis de Xalapa


