PIENSO, LUEGO ESCRIBO
El intenso frio de estos días nos adormece un poco el cuerpo, pero no las ideas. En nuestra cabeza giran a mil por hora, más en las noches de insomnio. Los sueños se mezclan con los pensamientos en gigantescas olas, provocando emociones que nos alientan o nos perturban, por sus afectos en la voluble realidad de cada amanecer. Los días se presentan de manera distinta, unas veces traen monotonía, otras veces nos sorprenden, pero siempre serán veinticuatro horas de vida que debemos invertir lo mejor posible.
La humanidad sigue caminando, la evolución es constante, aún con tropiezos, con obstáculos, con caídas, los seres humanos son capaces de adaptarse a las condiciones más adversas. Su resiliencia y creatividad los hace emerger de cualquier holocausto o cataclismo, la historia universal lo prueba. Sin atentar contra la teoría de la evolución natural y la filosofía del maniqueísmo, la humanidad ha atravesado episodios complicados, de profundas transformaciones, que han dejado dolorosas experiencias y duras lecciones. La pandemia que ha soportado el mundo en estos dos últimos años es un claro ejemplo, imposible no citar esta referencia.
No es casual, ni fuera de contexto, el mensaje del Presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, en la ceremonia de apertura de la Justa de Invierno en Beijing 2022, que recientemente bajó el telón, ”En nuestro mundo frágil, donde la división y la desconfianza van en aumento, mostraremos al mundo que se puede convivir y competir en paz y con respeto” “Esta es la misión de los Juegos Olímpicos: unirnos en una competencia pacífica. Siempre construyendo puentes, nunca muros. Uniendo a la humanidad en toda su diversidad”, “Que esto anime a ir más rápido, a apuntar más alto, a volverse más fuertes, juntos”.
Sin necesidad de profundizar ni discutir los fragmentos el discurso, con un poco de sentido común, se percibe la pertinencia del mensaje en esta etapa, en la que cotidianamente destacan las noticias sobre actos de hostilidad, de violencia, de polarización, de enfrentamientos de grupos, sociedades y naciones, muchos de esos provocados por la feroz competencia, por la ambición exagerada o por ideologías supremacistas fuera de tiempo y contrarias al espíritu de unidad y solidaridad que debería prevalecer entre los humanos.
Es también una voz que ayuda a construir un escenario esperanzador, ante los actuales ambientes de extrema debilidad de la paz, los embates de las fuerzas que prefieren un mundo en caos y los descomunales estragos de la pandemia. Quizá sea ese mensajero, el de los últimos avisándonos sobre la importancia vital de privilegiar la concordia y la civilidad en las relaciones internacionales, en momentos cruciales, que suenan fuerte los tambores de guerra en el confuso universo mediático.
A propósito de la misma reflexión, me permitiré cerrar ésta entrega, con algunas citas del gran escritor uruguayo Mario Benedetti, de su poema “¿Qué pasaría…?” ¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que somos mayoría? ¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?. Hasta la próxima.
Febrero 23 de 2022
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.


