Columnistas

Había una vez un cacique pueblerino…

Por Jorge E. Lara de la Fraga.

ESPACIO CIUDADANO

                Parece cuestión de cuento o de una mera fantasía, pero no es así; en este tercer milenio y en esta segunda década del siglo XXI, con signos de una transición democrática en curso, todavía hacen su aparición los casos en México de individuos que parecen desear eternizarse en los cargos públicos y no sólo eso, se vanaglorian de “su poder de convocatoria” reiterando vetustas prácticas dinosáuricas para agenciarse la voluntad y las conciencias de sus coterráneos. Sin ir más lejos, en la campiña veracruzana y en la región de las grandes montañas, una persona que responde al nombre Miguel Ángel durante una década ha sido el personaje insubstituible para ejercer responsabilidades públicas de su terruño y de localidades circunvecinas adscritas al distrito hustusqueño. En principio fue alcalde del feudo de Chicüellar y luego logró la curul como diputado local, para después ocupar un lugar en el H. Congreso de la Unión. Además y en razón de sus recursos, relaciones y experiencias en la contienda electoral, pudo ubicar a su esposa como candidata a la presidencia del ex – Señorío de Cuauhtochco y verla ganar, lo que le satisfizo a plenitud para encaminar sus propósitos posteriores.

            Antes de proseguir la singular historia de “Miguelito” (así lo denominan sus amigos y partidarios), tengo que exteriorizar que el individuo en cuestión, en su afán de lograr sus objetivos, ambiciones y caprichos, ha sido el “ajonjolí de todos los moles”; fue panista, después priísta, se subió al carro verde-ecologista, coqueteó con el Panal en su momento y ahora se dice – en los recintos burlescos chicataneros – que hasta tocó las puertas del partido Morena. En el fondo de su ser observa el devenir con seguridad, ni suda ni se acongoja, porque deambula con la insignia de triunfador y supone que al final obtendrá el visto bueno para su candidatura. La alianza o bloque opositor (PAN, PRI, PRD) lo tienen inscrito como precandidato y hay probabilidades de que lo impulsen en este 2021 para lograr el presunto éxito en los comicios del mes de junio, olvidándose de sus triquiñuelas, mentiras y traiciones.  

            Ese robusto y conocido trapecista de siete suelas “no da paso sin huarache”: cuando cumplió su encargo o encomienda como diputado federal, en lugar de retornar a sus actividades comerciales o disfrutar de un reposo merecido, después de “sacrificarse” en el quehacer de tres puestos políticos, se incorporó al equipo de su esposa, de la alcaldesa municipal, como el titular del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, del DIF de la localidad (período 2018 – 2021). Ese “príncipe consorte” ha aprovechado tal espacio para proyectarse como un benefactor de los sectores desposeídos y como un baluarte de los derechos de las mujeres, de los niños y de las familias en emergencia. Así, en nombre de la presidenta, ha distribuido desayunos escolares, realizado caravanas de juguetes en el mes de enero; asimismo se trasladó en estas etapas gélidas a las comunidades rurales para obsequiarles a los pobladores ropa de invierno, obtenida a través de la colaboración voluntaria de los ciudadanos y de alumnos de la cabecera municipal, en el marco de una cruzada o programa llamado “Abrigando Corazones”, sin dejar de mencionar que él fue pieza clave en un homenaje a las madres de familia, celebrado el 10 de mayo  del 2020, donde el ayuntamiento en pleno organizó una ruidosa verbena popular y un fabuloso sorteo, donde hubo premios diversos para las felices agraciadas. Miguelito sabe muy bien que sus acciones “humanistas y bienhechoras” le serán de mucha utilidad en el futuro, cuando requiera nuevamente del voto de tales sectores agradecidos.

            Como es obvio, en el círculo de la política devaluada no se otorga la importancia debida a los principios éticos ni a la calidad intrínseca de las personas que aspiran a una responsabilidad de representación popular. En la realidad se observa, de manera lamentable, que se premia la mentira, la felonía, la deshonestidad y la ausencia de escrúpulos; lo que ponderan o toman en consideración ciertos partidos o coaliciones es que el designado o abanderado garantice el triunfo, que además posea recursos económicos para la campaña, conozca las artimañas de la contienda, se respalde en seres duchos y hábiles, tenga “padrinos” de renombre, se caracterice por sus poses sensibleras y mojigatas, así como por sus desplantes demagógicos. En ese contexto se entiende que el individuo de la historia que relato sea el elemento clave para enarbolar la lucha que se avecina, no importando para nada que sus detractores lo señalen como “el cien mentiras”, el “santanista” (alusivo a Santa Anna) o el candidato multicolor de las tres pistas.

            De manera festiva algunos coterráneos me indican que el tal Miguel Ángel bien podría ser el protagonista de una serie televisiva, con capítulos o temporadas interesantes como: Mis inicios en la labor social – política, La alcaldía del pueblo, Actividades en el Congreso estatal, Vivencias y logros en la diputación federal, Retorno al terruño como príncipe consorte y El amor perpetuo a la silla presidencial.

            Como huatusqueño de origen, orgulloso de ese solar veracruzano pletórico de riquezas naturales y además poseedor de un patrimonio cultural e histórico de renombre, anhelo con optimismo que se proyecte otro candidato con merecimientos, simpatía y sensibilidad que le haga el debido contrapeso a la propuesta electoral del bloque opositor. Tengo la seguridad que los paisanos apoyarían plenamente a una persona conocida, franca y sensible que concite confianza y que se sustente en un programa o proyecto viable para el desarrollo sustentable e integral del municipio de los cerros azules y de las colinas de la esperanza.

Atentamente

Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.