Entre la extrema derecha y la extrema izquierda

CAMALEÓN

La ola derechista que semejante a la marea alta ha acometido contra gobiernos de izquierda en América Latina recicla el discurso empleado por la clase política de los años sesenta del siglo pasado en México y en buena parte del orbe. En aquellos tiempos el paradigma se enfocaba en la lucha de la liberación de los pueblos, muchas colonias pertenecientes a naciones europeas alcanzaron su independencia tras largos años de luchas clandestinas. Tiempos de la Guerra Fría, la ONU y la OEA operaban como árbitros internacionales, subliminalmente dirigidos por el “gendarme del mundo”, los Estados Unidos. De un lado la URSS, por el otro Estados Unidos, en México la atención de la inteligencia americana se centraba en el Partido Comunista que actuaba en la clandestinidad.  En el área de humanidades de la UNAM, Filosofía, Derecho, Economía, Ciencias Políticas la psicosis hablaba de “agentes de gobernación” o de “Castristas” y Comunistas, etiquetas aplicadas a compañeros de estudios que destacaban por su activa beligerancia. Muy común en el léxico de esos tiempos era hablar de derechas y de izquierdas, también de los extremos: “Trotskistas” o del Opus Dei. Mientras, el gobierno se mostraba atento porque la Revolución cubana estaba fresca y los incendiarios (kilométricos) discursos de Fidel Castro que invitaban a la rebelión eran del consumo cotidiano. El Movimiento estudiantil de 1968 despertó a la nación, fue como una catarsis porque una de sus consecuencias, aparte de la apertura gubernamental hacia los jóvenes del país, todo volvió a la calma y “la libre autodeterminación de los pueblos” como modelo de relaciones exteriores caracterizó las relaciones de México con el mundo. La pugna política interna se fraguó a través de la pacifica confrontación partidista: el PAN a la derecha, el PRI en el centro y el Partido Popular Socialista a la izquierda.

Ahora, en nuestra muy conflictiva realidad se vuelve a hablar de la extrema derecha como la devoradora de gobiernos de Iberoamérica. Pero, ¿y la extrema izquierda no participa? Por supuesto que sí. Durante el gobierno presidido por AMLO la embajada estadounidense se quejó ante el gobierno de un inusitado aumento de espías provenientes de Rusia, China e Irán. Es conocido el episodio donde el gobierno estadounidense presentó queja ante el de México por haberse entregado los nombres de agentes estadounidenses trabajando en México a la embajada rusa. Espías de Rusia, China, Irán y de los Estados Unidos los hay en este país, cada uno con agenda propia, ¿van a intervenir en la elección próxima? Alguna información posee el gobierno mexicano respecto de tema tan delicado porque se apresuró a legislar en materia de injerencia extranjera. Nada para el asombro porque ese fenómeno ya se ha procesado anteriormente, la alerta ahora radica en esa gran ola que viene de sur a norte del continente arrollando gobiernos adheridos al Foro de Sao Paulo.  El domingo se decidirá en Brasil si Lula Da Silva sigue en el poder o sucumbe ante “la extrema derecha”. En la primera semana de noviembre los estadounidenses celebran elecciones intermedias, el resultado no solo importa allá, también y mucho aquí. Parodiando a Marx: “Un fantasma recorre el mundo…” ¿el del fascismo, el del populismo? ¿el de la extrema derecha?  Como dijera Dante: “la política no es, va siendo”. Tiempo y circunstancias.

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