CAMALEÓN
A juicio nuestro los aplausos y reconocimientos para un gobernante deben aplazarse para cuando concluida su gestión pública se realice un balance de obras y acciones y del costo beneficio de su administración. Ubicados en la lógica de que todo servidor público está obligado a buscar beneficios colectivos para la población gobernada el reconocimiento lo tendrá bien ganado si los consigue en la debida proporción de los recursos presupuestarios puestos bajo su responsabilidad. Obviamente, no todo es obra física ni eficiente administración de las finanzas públicas, cuentan también, y mucho, las acciones emprendidas para combatir la corrupción, la impunidad, la violencia y la inseguridad públicas. Al término del periodo constitucional podrán venir los aplausos y el reconocimientos, o los abucheos y reclamos.
Según Global Data, Sheinbaum y Bukele, de El Salvador, «encabezan el ranking de gobernantes con mejor aceptación, la mandataria mexicana alcanza una aceptación de 69.3 % y Bukele 69%. En el caso mexicano cabe la interrogante: para efectos de bienestar social ¿de qué sirve ese reconocimiento? Al margen de la satisfacción personal para el gobernante, en términos sociales no se traduce en beneficio colectivo ni concita optimismo en el conglomerado social. Porque México y su gobierno mantienen perspectivas poco optimistas: para la sociedad porque la violencia, la extorsión, las desapariciones, las dificultades para recibir atención de salud ´pronta y expedita, servicios educativos de calidad, creación de empleos, efectivo crecimiento económico, inversión privada a la expectativa de seguridad jurídica, inversión pública limitada, son expedientes que pesan en el animo colectivo. Para el gobierno, porque los recursos fiscales de que dispone son cada vez más insuficientes, porque comienza a sentir el peso de los programas sociales sobre el recurso disponible, porque el servicio de la deuda pública absorbe gran tajada presupuestal. Y por si no bastara, el poder presidencial luce bastante acotado políticamente a causa de la presión del sector duro de su partido que no le permite desplegar sus alas. De allí el cuestionamiento acerca de la elevada aceptación que tiene la presidenta ¿sirve de algo?

