Veracruz tiene puertos, petróleo, agroindustria, biodiversidad, universidades, recursos naturales y una ubicación geográfica que cualquier estado del país envidiaría. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma desde hace décadas: ¿por qué un estado tan rico produce tantos pobres?
La presentación de los Atlas Económicos de Veracruz 2025, realizada este martes en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana por el doctor Rafael Vela Martínez, no fue simplemente un acto académico ni la entrega de tres voluminosos libros sobre manufactura, servicios y comercio. Fue, en realidad, la exhibición documentada de una vieja paradoja veracruzana: el estado conoce sus fortalezas, identifica sus oportunidades y reconoce sus rezagos, pero sigue sin convertir ese conocimiento en desarrollo sostenido.
Los atlas tienen un mérito indiscutible. Ponen orden donde tradicionalmente ha reinado la improvisación. Ofrecen información precisa sobre qué produce cada municipio, dónde se concentran las capacidades económicas, cuáles regiones están rezagadas y qué territorios poseen potencial para atraer inversiones y generar empleo.
Es decir, proporcionan algo que en Veracruz ha sido históricamente escaso: inteligencia económica territorial.
La investigación deja claro que Veracruz no es una entidad homogénea. Existen municipios que concentran manufactura, corredores de servicios especializados y regiones con intensa actividad comercial, mientras vastos territorios sobreviven con economías de baja productividad, escasa diversificación y limitadas oportunidades de crecimiento.
El problema es que estos desequilibrios no son nuevos.
Llevan décadas diagnosticándose.
Cada sexenio se descubren nuevamente las mismas carencias, se anuncian las mismas soluciones y se presentan las mismas promesas de desarrollo regional. Cambian los funcionarios, cambian los discursos y cambian los colores partidistas, pero la geografía del rezago permanece prácticamente intacta.
Los atlas demuestran que la riqueza económica de Veracruz está concentrada en determinadas zonas metropolitanas como Veracruz-Boca del Río, Xalapa, Córdoba, Orizaba, Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica. También evidencian que la manufactura, los servicios avanzados y el comercio moderno se desarrollan de manera desigual.
Lo verdaderamente preocupante es que el problema no radica en la ausencia de recursos ni de oportunidades.
El problema ha sido la incapacidad institucional para articular esas capacidades.
Veracruz ha tenido planes estatales de desarrollo, programas sectoriales, estrategias de competitividad, consejos económicos, organismos de planeación y abundantes diagnósticos. Lo que no ha tenido es continuidad en las políticas públicas ni voluntad para convertir la información en decisiones de largo plazo.
Los atlas proponen pasar de la improvisación a la evidencia.
La frase parece sencilla, pero en realidad constituye una crítica severa a la manera en que tradicionalmente se ha gobernado el desarrollo económico del estado.
Porque improvisar ha sido una costumbre administrativa.
Se inauguran obras sin estudios de impacto regional. Se anuncian inversiones sin cadenas de proveeduría definidas. Se crean programas de apoyo sin identificar vocaciones productivas. Se distribuyen recursos con criterios políticos antes que económicos.
Y después llegan las preguntas de siempre: ¿por qué no hay empleos suficientes?, ¿por qué aumenta la informalidad?, ¿por qué los jóvenes emigran?, ¿por qué las inversiones no se multiplican?
La respuesta está, precisamente, en los atlas.
Una economía compleja no se construye mediante discursos ni conferencias de prensa. Requiere infraestructura, innovación, educación, capital humano, coordinación institucional y visión estratégica.
Requiere gobiernos que entiendan que el desarrollo regional no se decreta.
Se construye.
Otro de los grandes aciertos de la obra es insistir en la vinculación entre universidades, empresas y gobiernos. Durante décadas, cada sector ha trabajado en compartimentos aislados. La academia investiga; las empresas producen; los gobiernos administran. Pero pocas veces esas tres piezas se integran para generar políticas públicas coherentes.
El resultado es un estado que posee enormes capacidades económicas, pero una reducida capacidad para convertirlas en bienestar social.
Por ello, los Atlas Económicos de Veracruz 2025 constituyen una valiosa aportación académica y, al mismo tiempo, una interpelación política.
Son un mapa detallado de las oportunidades de Veracruz, pero también un expediente de sus omisiones históricas.
El verdadero desafío comenzará cuando los libros abandonen el auditorio, se cierren los discursos y las fotografías oficiales desaparezcan de las redes sociales.
Porque el problema de Veracruz nunca ha sido la falta de diagnósticos; el problema ha sido que los gobiernos han convertido la planeación en un elegante ejercicio editorial que termina acumulando polvo en los anaqueles mientras el subdesarrollo continúa gobernando buena parte del territorio.


