CAMALEÓN
Por su larga permanencia en el ejercicio del poder el Partido Revolucionario Institucional (PRI) es una caudalosa fuente de experiencias políticas y electorales aprovechables para siglas partidistas con ambiciones hegemónicas. La flexibilidad priista para adecuarse a las circunstancias fue uno de los fundamentos de su permanencia en el poder. Sin embargo, debe acentuarse que la habilidad para adaptarse no era inmanente porque devenía de quienes gobernaban, una clase política genéticamente habilitada para esos menesteres, su versatilidad no incluía ocurrencias, tampoco admitía indisciplina. De esto último el PRD tuvo muchas carencias, una de las causas que le impidieron mantener el impulso vertiginoso de sus inicios. Cuando comenzaron los síntomas de la decadencia en la década finisecular el PRI se acomodó a las circunstancias, aunque no del todo lamentablemente; pero cuando las cifras electorales señalaban una persistente tendencia a la baja comenzó a utilizar el método aliancista y de candidaturas comunes que sus antagonistas implementaban en su contra.
En la entidad veracruzana la elección municipal de 1994 dio otro aviso al PRI de que estaba perdiendo convocatoria, el PAN le arrebató la joya de la corona, el municipio de Veracruz y otros importantes ayuntamientos. Pero en la siguiente elección municipal, en 1997, la derrota priista fue fenomenal porque perdió 107 municipios, la hecatombe. Ese fue un parteaguas porque experiencias venideras le confirmaron al PRI la conveniencia de formular alianzas o postular candidaturas comunes para asegurar el triunfo. Si en las elecciones del año 2000 no se hubiera puesto en práctica la figura de las candidaturas comunes las pérdidas priístas hubieran sido mayores. Por ejemplo, en Chiconamel el PAN obtuvo 1,229 votos, arriba de los 1,226 del PRI, pero su alianza con el PARM le permitió sumar 1,241 sufragios, suficientes para derrotar al PAN. En Poza Rica, al candidato priísta lo salvó la candidatura común con el PARM, pues el PAN ya lo había superado al obtener 21,206 votos sobre los 21,090 del PRI, pero este juntó 21,283 con los votos del PARM. En Acatlán, el PRI rescató el triunfo por su alianza con el PSN, porque juntaron 423 votos para superar los 422 del PVEM, que con estos estaba arriba de los 420 que el PRI había conseguido solo. Por cierto, una alianza partidista no solo operó en favor del PRI en la elección del año 2000. Por ejemplo, en Xalapa, el ganador hubiera sido el candidato del PAN porque obtuvo 25,814 votos, mientras y el PRI 20,923. Pero el triunfo lo obtuvo la Alianza entre Convergencia, el PT, el PEVEM y el PAS, que obtuvieron 26,346 sufragios, eso y un poquito de “suerte” hicieron alcalde de Xalapa a Reynaldo Escobar Pérez. Por si alguien duda del benévolo efecto de las alianzas partidistas.


