El arte de gobernar y la ambición de poder

CAMALEÓN

“Después de todo, gobernar no requiere de mucha ciencia”, expresó López Obrador en una de sus mañaneras del año 2019, aunque viniendo de quien buena parte de su vida se la ha pasado “puebleando” por territorio nacional, dicha expresión debiera tomarse con mucha reserva, así la haya proclamado siendo presidente de este sufrido país. Si gobernar es administrar, durante su mandato López Obrador ejecutó acciones ajenas a esa concepción, porque las dictó con ánimo voluntarista, lejos de todo precepto de administración pública que busca eficiencia y eficacia en la aplicación del gasto público. Lo observamos cuando ordenó suspender la construcción de un aeropuerto de alta gama sin importar las pérdidas multimillonarias provocadas por esa decisión, y las consecuencias de anular un gran propósito de índole futurista que hubiera resuelto el problema de la conectividad de México con el exterior. Inició la construcción del Tren Maya sin contar con estudios relativos al impacto ambiental y a la rentabilidad económica del proyecto; “recuperó” para la nación “Mexicana de Aviación”, una empresa que aún no vuela y vive del subsidio gubernamental; motivado por la nostalgia reactivó el funcionamiento del tren transístmico de pasajeros, suspendido hace años por su baja rentabilidad y discutible aporte al desarrollo económico de la región. Lo de la refinería Olmeca en Dos Bocas ya es de todos conocida su elevado costo y muy cuestionable funcionamiento, porque ignoró el dictamen de técnicos del Instituto Mexicano del Petróleo, como lo hicieron con Calderón, desalentando la idea de una refinería adicional en este país.

Pero gobernar requiere del talento y vocación de servicio, de atender con responsabilidad el diseño de políticas públicas para alcanzar el propósito supremo de resolver problemas sociales, y obviamente, que quien dirija esa orquesta que no siendo un todólogo escuche la opinión de quienes lo asesoran. No fue ese el caso de López Obrador para quien por lo ya visto lo importante fue desmantelar institucionalmente al país para instalar un proyecto, que para mala fortuna su único propósito es mantenerse en el poder. Por ese motivo y otras razones México no está creciendo económicamente desde hace siete años; la deuda pública ha tenido un crecimiento exponencial, la corrupción ha empeorado y permea profundamente en la administración pública federal y la de los estados, la inseguridad pública que heredó López Obrador mantiene ocupada a la administración sucesora, ocasionó grave daño por retroceso al sistema de salud mexicano. Tal sucede cuando se menosprecia la grave responsabilidad de gobernar un país para priorizar la meta de mantenerse en el poder, la reforma electoral es herramienta para el caso.

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