PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Milton Dos Santos, circulaba por la avenida Juárez de la ciudad de México, a unas cuantas cuadras de la Alameda, giró su automóvil a la derecha y entró a un edificio de los renovados del centro histórico. Lo administraba un corporativo mexicano para consultorios de médicos especialistas. Dos Santos, originario de Brasil, pero criado desde pequeño en el País de los tacos. Psicólogo, con especialidad en salud mental por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Ocho cuarenta y cinco de la mañana, saludó al portero de la torre de quince pisos y subió al elevador. Quinto piso, consultorio 504. Penetró a la elegante sala de espera, echó un vistazo a los pacientes distraídos con la pantalla, y con gesto amable le dijo a su asistente Verónica que en diez minutos comenzara a pasarlos a la consulta.
Abrió la puerta de su bien equipada área de atención, dejó el saco colgado en el perchero metálico y se acomodó en el sillón. La lista de pacientes de ese día, la tenía registrada en la computadora.
Revisa, el primer paciente es Alberto Aguirre Román, un joven de segundo semestre de preparatoria que se encuentra en periodo de tratamiento. Llegó por un trauma causado por el abuso sexual de que fue víctima. El presunto culpable, un profesor del Colegio Santa Elena, una institución fundada por franciscanos.
Dos Santos, en principio, hizo un análisis simple del tema en dos vertientes. Primero, el acoso y abuso sexual en el entorno escolar, tiene un extenso y profundo fondo histórico y social. Desde hace décadas se ha observado la presencia de depredadores sexuales en las escuelas, actuando libremente, gozando de la más absoluta impunidad. Las complicidades, el encubrimiento, la manipulación e intimidación a las víctimas para no denunciar, fueron normalizando estas conductas agresivas, tipificadas como delitos por atentar contra la integridad física de las personas.
Por otra parte, se reconoce que el perfil del agresor o depredador puede aparecer en cualquier ámbito, el núcleo familiar, en la escuela, en la iglesia y también en el trabajo. Sin embargo, se presenta con mayor frecuencia en el contexto escolar. Se puede decir, que en ese medio es donde más ha escalado el fenómeno social.
Igualmente, hombres y mujeres resultan afectados, en su mayoría menores de edad vulnerables ante la fuerza o autoridad de los victimarios. Por su parte, los depredadores son del género masculino en un alto porcentaje de los casos, aunque también hay incidencia de mujeres. Además, ocurre desde el nivel de preescolar hasta la educación media, media superior y en las universidades. En centros escolares laicos y religiosos, públicos y privados.
Como profesional de la salud mental, Dos Santos, previene que el problema social puede agudizarse aún más, de no tomar medidas con oportunidad. La situación no se resolverá con endurecer las sanciones a los perpetradores, también se deberán revisar y modificar los patrones formativos en el hogar y los controles y normas en la relación de los educadores con los alumnos, de tal forma que se puedan evitar o reducir los riesgos de replicar esas conductas de acoso y agresión sexual. El tema es peliagudo, pero conviene atenderlo responsablemente de manera conjunta y organizada, la sociedad con las instituciones de la materia, a fin de favorecer la armonía en la convivencia social y la salud mental de los ciudadanos. Para la reflexión. Hasta la próxima
Agosto 24 de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


