El evangelista San Lucas presenta con una carga simbólica la escena de la
entrada de Jesucristo a Jerusalén y de su aclamación como el Mesías
esperado (Lc 19,28-40).
El evangelista San Lucas enfatiza dos signos que ayudan a descubrir a
Jesucristo como un Mesías humilde y pacífico: Cristo entró a Jerusalén
montado en un burrito y la gente alfombró con sus mantos el paso del Mesías.
El entrar a Jerusalén en un burrito recuerda que Jesús no tiene pretensiones
triunfales como los vencedores, sino que viene en son de paz, con la sencillez
del Rey Mesías que viene a servir a su pueblo sin emplear para nada el poder,
la violencia y la ideología del engaño. Eso es lo que significa entrar montado en
un burrito, en vez de hacerlo en un brioso caballo, como los príncipes y
generales. Con este gesto profético, Jesús se presenta como El Mesías
pacífico y humilde que había anunciado el profeta Zacarías (9,9-10). Todo
ciudadano mexicano y veracruzano debe recordar, al contemplar al Mesías
humilde y pacífico, que cada gobernante y dirigente deben partir, para elaborar
los proyectos de desarrollo integral, de las necesidades reales de la gente
sencilla y excluida de la sociedad.
Alfombrar con los propios mantos el paso de Jesús significa, para cada ciudadano, gobernante y autoridad reconocer que, desde la cultura de la paz y
de la vida, se puede construir una sociedad donde todos sean reconocidos en
su dignidad personal y sean dignos destinatarios de que todos los recursos de
la nación mexicana se pongan al servicio del desarrollo integral. Tender los
mantos al paso de Jesús significa partir de la dignidad humana y de los valores
fundamentales, para que todos cumplamos la vocación y la misión a la que
hemos sido llamados como mexicanos y veracruzanos. Es tiempo de ser
humildes y sencillos para unirnos y sacar adelante al país tan sembrado de la
obscuridad de la violencia, la corrupción y la mentira.
Pbro. Juan Beristain de los Santos
Director
Oficina Comunicación Social
Arquidiócesis de Xalapa


