La relación de la festividad del Día de la Candelaria con los tamales se debe a que, en las culturas prehispánicas, el maíz era utilizado como ofrenda para los dioses.
En su libro Historia general de las cosas de Nueva España, fray Bernardino de Sahagún relata que los indígenas ofrecían tamales a Tlaloc, el dios de la lluvia, para que los ayudara a tener buenas cosechas. Debido a que la ceremonia tenía lugar cada 2 de febrero, los dos festejos se fusionaron.
Con el correr de los años, la celebración del Día de la Candelaria se enlazó con la del 6 de enero, cuando en los hogares se conmemora la llegada de los Reyes Magos para llevar regalos al niño Dios, con una reunión en la que se parte una rosca.
Dentro de ese pan, llamado Rosca de Reyes, se insertan varias figuritas que representan al niño Dios. Las personas que encuentren esas figuras están obligadas a comprar tamales, atole o chocolate caliente para invitar a sus familiares y amigos el 2 de febrero. Ese mismo día se acostumbra también levantar al niño Jesús del nacimiento y llevarlo a la iglesia con un atuendo especial.

