Expresión Ciudadana
México acaba de recibir una advertencia que no llegó desde la oposición, desde una calificadora internacional ni desde algún organismo extranjero. Llegó de las propias cifras oficiales. La Encuesta Intercensal 2025 (EIC) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirma que el país está entrando mucho más rápido de lo previsto en una transformación demográfica profunda: crecemos menos, nacen menos niños, envejecemos más rápido y una parte importante de nuestros jóvenes se marcha. En Veracruz el diagnóstico agrega otro elemento inquietante: mientras el país todavía aumenta su población, el estado pierde habitantes.
México llegó en 2025 a aproximadamente 130.9 millones de habitantes, de los cuales alrededor de 130.4 millones vivían en viviendas particulares. El dato parece enorme hasta compararlo con lo que se esperaba. Las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO) calculaban alrededor de 133 millones para estas fechas. La población resultó aproximadamente 2.5 millones menor a lo proyectado y la tasa media anual de crecimiento entre 2020 y 2025 fue de apenas 0.7 por ciento, la más baja desde la década de los noventa.
La explicación comienza en la parte inferior de la pirámide poblacional, que cada vez se parece menos a una pirámide. Los niños de 0 a 4 años representan solamente 5.8 por ciento de la población; los de 5 a 9 años, 7.4 por ciento; y los de 10 a 14 años, 8.3 por ciento. Cada nueva generación llega con menos integrantes. La Tasa Global de Fecundidad nacional cayó hasta alrededor de 1.2 hijos por mujer, muy lejos de los aproximadamente 2.1 necesarios para mantener el reemplazo generacional.
Mientras nacen menos niños, México envejece. La edad mediana pasó de 26 años en 2010 a 29 en 2020 y a 32 años en 2025. Lo que anteriormente tardó una década ocurrió después en solamente cinco años. Aproximadamente una de cada diez personas tiene ya 65 años o más. Esto no es una curiosidad estadística: significa que durante los próximos años cambiarán radicalmente las necesidades de escuelas, hospitales, medicamentos, cuidados de largo plazo, pensiones, vivienda y transporte.
Veracruz: una década perdiendo población
Y es aquí donde Veracruz merece un capítulo propio, porque lo ocurrido no comenzó ayer. En la Encuesta Intercensal de 2015 la población estatal se ubicaba alrededor de 8.11 millones de habitantes; el Censo de Población y Vivienda 2020 registró 8 millones 62 mil 579, y para 2025 la nueva Encuesta Intercensal estima 7 millones 902 mil 505 residentes en viviendas particulares, además de la población residente en viviendas colectivas.
La comparación debe hacerse con cuidado porque estamos contrastando ejercicios estadísticos distintos, pero la tendencia es suficientemente importante: Veracruz lleva una década sin recuperar dinamismo demográfico. Entre la referencia de 2015 y la estimación de 2025 la diferencia ronda 210 mil habitantes.
Para entender la dimensión: 210 mil personas equivalen aproximadamente a toda la población actual del municipio de Córdoba.
Córdoba aparece en la Encuesta Intercensal 2025 con alrededor de 206 mil 82 habitantes. Incluso ahí, donde la población aumentó, el crecimiento fue reducido: aproximadamente 1,361 habitantes más que en 2020. Es decir, la diferencia acumulada que presenta Veracruz durante una década supera a la población completa de uno de sus principales municipios.
Y no es un fenómeno concentrado en unas cuantas comunidades rurales. De los 212 municipios de Veracruz, 133 presentan una población estimada en 2025 inferior a la registrada en 2020. Eso significa que aproximadamente seis de cada diez municipios veracruzanos aparecen con disminución poblacional.
No todos esos descensos pueden atribuirse automáticamente a emigración: la dinámica poblacional también depende de nacimientos y defunciones. Pero cuando el fenómeno aparece en 133 municipios, deja de ser una curiosidad local y se convierte en un problema estructural que exige explicación.
Chinameca: perdió más de una tercera parte
El ejemplo más extremo es Chinameca. En 2020 tenía 22 mil 638 habitantes y para 2025 la estimación cayó hasta 14 mil 485.
Son 8 mil 153 habitantes menos en apenas cinco años, una reducción de aproximadamente 36 por ciento.
Más de una tercera parte.
Una caída de semejante magnitud transforma completamente un municipio: modifica la matrícula escolar, el mercado laboral, el consumo, la vivienda, la recaudación, el transporte y la demanda de servicios públicos. No es simplemente una cifra menor en una tabla del INEGI.
Poza Rica: casi 47 mil habitantes menos en una década
Todavía más revelador resulta Poza Rica, porque estamos hablando de uno de los centros urbanos y económicos históricos del norte de Veracruz.
En 2015 registraba aproximadamente 200 mil 119 habitantes. Para 2020 había disminuido a 189 mil 457 y la Encuesta Intercensal 2025 estima solamente 153 mil 528.
La diferencia entre 2015 y 2025 es de 46 mil 591 habitantes.
En una década, Poza Rica presenta una reducción equivalente a casi una cuarta parte de la población que tenía en 2015. Solamente entre 2020 y 2025 la caída ronda 19 por ciento.
Es difícil hablar de desarrollo regional sin detenerse ante una cifra de ese tamaño. Poza Rica fue durante décadas símbolo del crecimiento petrolero y económico del norte veracruzano. Hoy su evolución demográfica obliga a discutir empleo, inversión, diversificación económica, seguridad y oportunidades para las nuevas generaciones.
Minatitlán lleva 15 años disminuyendo
Y Poza Rica no está sola. Hay 12 municipios veracruzanos que aparecen con disminuciones sucesivas desde 2010: Cosamaloapan de Carpio, Chiconamel, Chontla, Ilamatlán, Juchique de Ferrer, Lerdo de Tejada, Mecayapan, Minatitlán, Ozuluama de Mascareñas, Tamiahua, Tenochtitlán y José Azueta.
El caso de Minatitlán merece especial atención.
En 2010 tenía 157 mil 840 habitantes. Para 2015 eran aproximadamente 157 mil 393; en 2020 bajó hasta 144 mil 776, y en 2025 la estimación quedó en 137 mil 955.
Son 19 mil 885 habitantes menos en quince años, una reducción acumulada cercana al 12.6 por ciento.
Estamos hablando de otra ciudad que debería beneficiarse de su ubicación estratégica y de su actividad energética e industrial, pero cuya población lleva tres lustros disminuyendo.
Veracruz posee puertos, petróleo, petroquímica, agricultura, ganadería, turismo, agua y una ubicación logística privilegiada. Por eso estos números deberían obligar al gobierno estatal a preguntarse por qué tantos territorios no consiguen retener o atraer población.
Más de 80 mil veracruzanos emigraron al extranjero
Existe además un dato que ayuda a demostrar que la migración sí forma parte de la explicación.
Entre octubre de 2020 y octubre de 2025, aproximadamente 80 mil 715 personas que residían en Veracruz emigraron hacia otro país.
La dimensión vuelve a resultar impresionante cuando hacemos la comparación municipal: Acayucan tenía en 2025 aproximadamente 78 mil 231 habitantes. Es decir, el número de emigrantes internacionales que salieron de Veracruz durante esos cinco años fue superior a toda la población actual de Acayucan.
Como si un municipio completo hubiera cruzado la frontera.
La Encuesta identifica también alrededor de 7 mil 931 migrantes de retorno, es decir, personas que habían emigrado internacionalmente y posteriormente regresaron a México. Aun considerando ese retorno, el volumen de salida internacional resulta relevante.
Veracruz figura, además, entre las entidades con mayor participación dentro de la emigración internacional mexicana del último quinquenio. A escala nacional, alrededor de 1.26 millones de personas emigraron al extranjero entre 2020 y 2025, y aproximadamente 71 por ciento tenía entre 15 y 34 años. Son precisamente las edades que deberían alimentar el mercado laboral, emprender, producir, consumir y sostener durante las próximas décadas los sistemas de pensiones y salud.
También hay desplazamiento por violencia
La movilidad no ocurre solamente por razones económicas. La Encuesta Intercensal incorporó por primera vez información específica sobre desplazamiento forzado interno, y los resultados de Veracruz merecen atención.
En aproximadamente 22 mil 500 viviendas veracruzanas se reportó que al menos uno de sus integrantes cambió de residencia durante el periodo considerado debido a violencia o inseguridad delictiva. Las personas vinculadas con esas viviendas suman alrededor de 64 mil 700.
Además, unas 12 mil 100 viviendas reportaron movilidad relacionada con desastres naturales o de origen humano.
Estos datos no significan que todas esas personas hayan abandonado definitivamente Veracruz ni pueden sumarse directamente a la reducción de población estatal. Pero sí demuestran algo que no debería minimizarse: la violencia y la inseguridad aparecen documentadas por el propio INEGI como motivos de desplazamiento de miles de hogares veracruzanos.
Y eso merece respuestas mucho más serias que cualquier discurso oficial.
Un Veracruz más viejo
Mientras Veracruz pierde dinamismo poblacional, también envejece.
La edad mediana de la población veracruzana alcanzó 34 años, frente a 32 años a nivel nacional. El estado está, por tanto, más envejecido que el promedio mexicano.
Además, 52.7 por ciento de la población son mujeres y 47.3 por ciento hombres. Veracruz cuenta con aproximadamente 2 millones 537 mil viviendas particulares habitadas, donde viven en promedio 3.1 personas, frente a aproximadamente 3.3 a nivel nacional.
Las familias también se están haciendo más pequeñas. El promedio de hijas e hijos nacidos vivos por mujer en Veracruz disminuyó de aproximadamente 2.2 en 2020 a 2.0 en 2025.
Menos nacimientos, hogares más pequeños, pérdida de población en buena parte del territorio y una población que envejece. Ese es el verdadero mapa demográfico que debería estar sobre el escritorio del gobierno estatal.
Menos población no significa menos carencias
Existe además una paradoja incómoda: Veracruz tiene menos habitantes, pero continúa arrastrando enormes rezagos de infraestructura básica.
En 2025 había más de 2.5 millones de viviendas particulares habitadas, pero alrededor de 150 mil seguían sin drenaje. El porcentaje mejoró respecto de 2020, al disminuir de 9.6 a aproximadamente 5.9 por ciento, pero eso significa que decenas de miles de familias continúan sin uno de los servicios básicos más elementales.
Solamente 63.1 por ciento de las viviendas estaba conectado a la red pública de drenaje; 28.2 por ciento utilizaba fosa o tanque séptico y aproximadamente 2.7 por ciento descargaba mediante tuberías hacia barrancas, grietas, ríos, lagos o el mar.
En agua entubada también hubo una mejora que debe reconocerse: la cobertura pasó de aproximadamente 90.4 por ciento en 2020 a 93.3 por ciento en 2025. Pero la fotografía completa demuestra que la disminución poblacional no ha significado automáticamente la desaparición de los rezagos.
Todo esto adquiere mayor importancia porque Veracruz enfrenta varios procesos simultáneamente: pérdida de población en 133 municipios, emigración internacional, desplazamiento asociado con inseguridad, envejecimiento, reducción del tamaño de los hogares, menor fecundidad y rezagos persistentes en servicios básicos.
La demografía no permite responsabilizar automáticamente a una administración de cada persona que falta en una estadística. Hay fenómenos de largo plazo que comenzaron antes de los gobiernos actuales. Pero las cifras sí permiten evaluar el periodo que corresponde a cada administración: la caída poblacional veracruzana ya era visible antes de 2018 y continuó durante los años posteriores, incluidos el gobierno de Cuitláhuac García y el inicio del gobierno de Rocío Nahle. El dato verificable es ése; determinar cuánto corresponde a empleo, inseguridad, mortalidad, fecundidad u otras causas requiere separar cada componente.
Y justamente por eso el gobierno debería estar estudiando el fenómeno municipio por municipio.
No es lo mismo lo que ocurre en Xalapa y su expansión hacia Emiliano Zapata que la dinámica de Veracruz-Boca del Río-Medellín; tampoco son iguales los problemas de Poza Rica, Coatzacoalcos, Minatitlán, Córdoba, Orizaba o las regiones rurales y serranas. Veracruz no tiene una sola realidad demográfica.
Una población que disminuye genera además problemas distintos a los de una que crece. Puede haber escuelas rurales con cada vez menos alumnos mientras las periferias metropolitanas necesitan nuevos planteles; municipios donde disminuyen los jóvenes pero aumenta proporcionalmente la población adulta mayor; ciudades que pierden habitantes mientras su mancha urbana sigue extendiéndose.
Seguir distribuyendo infraestructura y presupuesto como si Veracruz conservara la estructura poblacional de hace veinte años sería gobernar mirando por el retrovisor.
El llamado bono demográfico mexicano tampoco será eterno. Actualmente existen aproximadamente 46 personas dependientes por cada 100 habitantes en edad laboral, pero la composición está cambiando: disminuye el peso de los niños y aumenta el de los adultos mayores. Las personas pensionadas o jubiladas dentro de la población no económicamente activa pasaron de representar 8.2 por ciento en 2020 a 10.9 por ciento en 2025.
Aquí aparece uno de los mayores riesgos para México y particularmente para Veracruz: hacernos viejos antes de hacernos suficientemente productivos y prósperos.
Una sociedad envejecida requiere hospitales capaces de atender enfermedades crónicas, médicos especialistas, medicamentos, infraestructura accesible, sistemas de cuidados y pensiones financieramente sostenibles. Todo cuesta dinero y necesita una economía productiva capaz de financiarlo.
Por eso los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 no deberían reducirse al titular de que México ya supera los 130 millones de habitantes. El verdadero mensaje está debajo de esa cifra: somos más, pero crecemos menos; nacen menos niños; las familias son más pequeñas; aumenta la edad de la población y una parte importante de nuestros jóvenes emigra.
Veracruz añade sus propias señales de alarma: una década de pérdida de dinamismo poblacional; 133 municipios con menos habitantes que en 2020; casos extremos como Chinameca, Poza Rica y Minatitlán; más de 80 mil emigrantes internacionales durante el último quinquenio; miles de hogares afectados por desplazamientos asociados con inseguridad; menor fecundidad y una población más envejecida que el promedio nacional.
Ese es el verdadero invierno demográfico mexicano.
No significa que mañana desaparecerá la población ni que todo cambio demográfico sea necesariamente negativo. Significa que terminó la época en la que podíamos asumir que siempre habría más niños, más jóvenes y una fuerza laboral permanentemente creciente.
La demografía avisa con décadas de anticipación. Ese es precisamente su valor. El problema comienza cuando los gobiernos reciben la advertencia, conocen las cifras y continúan planeando como si nada estuviera cambiando.
El INEGI ya puso los números sobre la mesa. México cambió. Veracruz también.
Ahora corresponde a los gobiernos demostrar que pueden cambiar sus políticas antes de que el invierno demográfico deje de ser una estadística y se convierta en una factura imposible de ignorar.


