CAMALEÓN
Con el correr de los días y la cercanía del arranque del proceso electoral venidero aumentan las incógnitas acerca de cuál será el resultado de la jornada electoral de junio próximo, 11 meses nos separan de ese momento, sin embargo, los preparativos y las estrategias han requerido de más tiempo. Porque seleccionar candidatos, restañar las heridas de quienes no resultarán beneficiados con la postulación, reactivar los cuadros de cada partido y vigilar el fiel cumplimiento a las reglas establecidas lleva tiempo y mucho esfuerzo. Con todo lo que implica, MORENA se ha adelantado en el proceso selectivo de candidaturas, convencidos sus altos mandos de no ser amonestados por los órganos de vigilancia y cumplimiento electoral, el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, cuya autonomía ha pasado a la narrativa de lo que fue y ya no es. No obstante, desde el ángulo puramente pragmático MORENA ha preferido arriesgar una posible amonestación a enfrentar las divisiones a su interior y las condicionantes de sus socios electorales, el PT y el Verde, que aprovechan las circunstancias para hacer valer el beneficio de su supuesto peso electoral. En Chihuahua, en Quintana Roo, en San Luis Potosí y en Guerrero donde gobierna con sus aliados, MORENA tendrá que acondicionarse a las circunstancias para no generar serios disturbios entre su nada disciplinada militancia.
Con mucha frecuencia se escucha decir que MORENA y sus aliados están en serio riesgo de no alcanzar el numero de curules necesario para formar mayoría calificada en el renuevo legislativo, incluso en esa balanza colocan entidades federativas que ahora gobierna a causa de sus conflictos internos y la percepción cada vez más arraigada de proteger a militantes con presuntos nexos con la delincuencia organizada. Pero se olvida que una elección se gana con votos y que el voto duro de MORENA vive cautivo de los programas sociales implementados por el gobierno. También soslayan la aparente inmovilidad de los partidos de oposición, sin cuya fortaleza no existe competitividad que abrigue sus triunfos. Somos México luce como opción atractiva, por lo que desde ya comienzan los golpes bajos para menguar su creciente capacidad competitiva. Nada para el asombro porque así es el rejuego político electoral en toda democracia, si AMLO creó MORENA en base a subterfugios y alianzas poco claras fue porque las condiciones eran propicias; Fidel ganó para Duarte la elección de 2010 con un extraordinario derroche de recursos públicos y el PRI siguió en el poder por seis años más, hasta que las circunstancias cambiaron para dar un viraje hacia la oposición en 2016, encarnada en ese entonces por Miguel Ángel Yunes Linares y el PAN. En ese contexto es posible advertir el valor intrínseco de todo proceso electoral y consecuentemente de toda alternancia.

