CAMALEÓN
El sensible aumento de las presiones de Washington sobre el gobierno mexicano es ya bastante notable, así se vislumbra por las noticias publicadas en Diarios estadunidenses de mucho crédito internacional acerca de presuntos nexos de políticos mexicanos con la delincuencia organizada. La metralla se orienta, hasta ahora, contra ciertos gobernadores del norte del país, pero amenaza con extenderse a otros actores políticos relevantes en la cuartaté. Es evidente que afecta el tiempo y los esfuerzos presidenciales por desmentir esas versiones, y porque en el fondo permea la percepción de una estrategia de agencias estadunidenses para influir en el proceso electoral ya próximo. Nada improbable porque en el escenario latinoamericano la ola de gobiernos derechistas ha crecido en detrimento de la tendencia izquierdista que eventualmente había dominado ese universo político con Chávez en Venezuela, los Kirchner en Argentina, Boric en Colombia y Evo Morales en Bolivia.
Sin embargo, Bolivia ya no es coto de poder de Evo Morales, Argentina mantiene en prisión domiciliaria a la expresidenta Cristina Fernández, en Peru Keiko Fujimorim con respaldo estadunidense ganó la presidencia a la coalición de izquierda, en Colombia, De la Espriella será el sucesor de Boric y ya anunció que a partir del 7 de agosto su gobierno se incorporará al “Escudo de las Américas”, la estrategia implementada por Donald Trump para combatir a grupos terroristas. Brasil es el siguiente país donde se celebrará este año elecciones presidenciales y Lula da Silva corre el riesgo de no ser reelecto. En ese contexto, en México prevalece la percepción de una subliminal injerencia extranjera en la elección intermedia que pudiera distorsionarle a MORENA su proyectada hegemonía electoral. En ese contexto se inserta la iniciativa para anular elecciones bajo sospecha de injerencia extranjera, una herramienta de autodefensa política bastante explicable.

