CAMALEÓN
El México del estadio Ciudad de México, sede mundialista por tercera ocasión, aglomeró a decenas de miles de aficionados al futbol, fuera de allí, por los medios electrónicos millones de almas estuvieron pendientes del desarrollo del juego inaugural en el que nuestra selección fue protagonista y resultó ganadora. Más allá de las evidentes deficiencias de la selección nacional el evento sirvió para momentáneamente evadirnos del México real, el de la violencia cotidiana en escalamiento permanente, de los homicidios y las masacres, las desapariciones, la extorsión, los “extraños” e impunes vínculos entre políticos y delincuentes, etc. Ya se convirtieron en lugar común las manifestaciones públicas de protestas y reclamos sin respuestas: transportistas, agricultores, madres de desaparecidos, gritan al mundo su desesperada circunstancia. Pero no se detiene allí el preocupante horizonte nacional, porque el nulo crecimiento de la economía no permite buenos augurios sociales, tampoco la declarada abstención de los inversionistas para hacerse presente en el país es señal positiva. Por sus intereses de valor económico y financiero la clase empresarial es subrayadamente vulnerable a la molestia gubernamental y adopta actitud prudente, sin embargo, de no prefigurarse un cambio en el escenario económico nacional pronto aumentará la fuga de capitales y las muestras de inconformidad de los dueños del dinero.
Ante semejante escenario el gobierno de la república no alcanza a reaccionar en consecuencia, y da señales que confunden porque por un lado invita a los inversionistas para venir al país, por otro maneja un discurso bastante antagónico ante el gobierno de nuestro mayor socio comercial, justamente cuando se negocian los términos del Tratado Comercial con ese país y Canadá. El mundial de futbol es un escaparate idóneo para la promoción turística y mostrarnos como el gran país rico en atractivos que somos, lamentablemente las graficas relativas a la protesta pública son más elocuentes.


