PIENSO, LUEGO ESCRIBO
En forma paulatina, las plazas cívicas y los zócalos del País, fueron ocupados por ciudadanos que con gran emoción y sentido patriótico, acudieron a la celebración del inicio de la lucha por la independencia nacional. En una réplica más de la gesta del Cura Miguel Hidalgo y Costilla, en Dolores, Guanajuato.
Narciso, fiel a la costumbre del pueblo, llegó a la plaza con su esposa y su hijo. Estaba cumpliendo con una tradición familiar. Desde pequeño su madre, Doña Josefina, le contaba historias sobre los festejos patrios de su tiempo. Eran noches de júbilo y algarabía popular. Ver ondear a toda asta la bandera tricolor, vitorear a los héroes y cantar el glorioso himno nacional, hinchaba de orgullo y fortalecía la mexicanidad.
Para esa ocasión, el memorable 15 de septiembre, hasta los más menesterosos procuraban unos centavos extras, para estrenar alguna prenda y accesorios. Pero lo más importante resultaba ser la convivencia, la fiesta popular que lograba la eventual unidad de la población.
La estabilidad política y económica, aunque fuera relativa y temporal, dio soporte a la paz social durante muchos años del siglo pasado. Las fiestas patrias, además de servir como catarsis del pueblo, también robustecían los cimientos de la identidad y nacionalismo mexicano.
Al resquebrajarse el viejo y anquilosado sistema político, al parejo de la descomposición social, provocada por las crónicas corrupción e impunidad, arribó la alternancia que prometía un cambio de ruta, empezando por desmantelar las viciadas estructuras políticas y burocráticas. No sucedió eso, en su lugar, se repitieron y acentuaron las dictadas por el modelo neoliberal, expoliador e indiferente al desarrollo y sustentabilidad de la nación.
A la mitad de las década de los veintes, en el México moderno, contemporáneo, globalizado y digital, el ambiente enturbiado por la violencia y la ola expansiva de la actividad del crimen organizado, evidencia una preocupante percepción de inseguridad y apenas una tibia e insuficiente reacción del Estado. Ya pasó la curva de aprendizaje del nuevo oficialismo, y la estrategia, deja ver más la intención de mantenerse en el poder, que de ejercerlo para terminar de una vez, apurando y profundizando el saneamiento de la vida pública.
Trabajar, resolver y presentar buenos resultados es la mecánica, no trabajar para perpetuarse en un País caótico, convertido en campo de batalla de carteles y bandas de criminales, que se disputan territorios y medran al amparo de autoridades sin escrúpulos. Los últimos acontecimientos, con resonancia mediática, relativos al entramado tejido por la organización que operaba la red de robo y venta de combustible y otros negocios ilegales, son una señal de alarma para el gobierno federal en manos del partido dominante. Confirma la vieja teoría de que no hay una institución a salvo de los sobornos de la delincuencia. El dinero sucio corre y corrompe a cada paso. La epidemia de corrupción tan viva y tan vigente, solo cambian los actores de esta triste y funesta comedia nacional.
El grito de este año fue una exclamación festiva, tradicional, popular, sin embargo, tiene un mensaje y lectura diferente. Este grito contiene el añejo anhelo de los mexicanos de vivir en santa paz, de decir ya pónganse a trabajar y paren este desmadre. No es mucho pedir, pero tal parece que el saco les quedó grande a los actuales gobernantes, o de plano la clase política, no tiene remedio, no entiende y prefiere seguir en lo mismo, cuidar sus intereses personales y sectarios, ahora con un cinismo que ofende. Las elecciones intermedias les podrían traer un dramático amanecer. Hasta la próxima.
Septiembre 18 de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


