PIENSO, LUEGO ESCRIBO
Por Akiles Boy*
Días de guerra, de odios, de venganzas, de competencias, de rencores, de soberbia y superioridad exacerbadas. Los conflictos y confrontaciones fríamente calculadas, para arrebatar recursos naturales, pero también para imponer por la fuerza, influencia e ideologías. Triste cuadro.
Mientras, la paz continúa en larga pausa, nutrida por la esperanza, que permanece, no obstante estar presente el desaliento y la incertidumbre, orillándonos a un pronóstico de locura, apocalíptico para algunos, que ya adelantan el fin de nuestros días.
La paz en el planeta se asemeja a una absurda utopía. Una meta inalcanzable, a pesar de los esfuerzos de muchos, los pocos a favor de la beligerancia, están empoderados y las guerras para ellos son altamente redituables. No les importa ver un mundo en crisis, porque esa condición la capitalizan.
Se culpan a la competencia y la lucha por el poder, de ser el sustrato de los conflictos. Vale la pena reflexionarlo. Nos forman y educan para competir y ganar, no para ser solidarios y ayudar a otros. A ser individualistas, y con eso se pierde el sentido de pertenencia a un grupo social, además, con el aislamiento, dejamos y nos olvidamos de promover y generar el bien común.
Lo anterior, lo vemos en las convivencias de los espacios comunitarios más cercanos, las colonias o localidades urbanas, frecuentemente en disputas o desencuentros entre los residentes por asuntos menores, por temas triviales, como un auto estacionado frente a una cochera o las inútiles reglas para pasear a las mascotas en áreas comunes.
Tendríamos que reeditar un buen manual de relaciones humanas o normas elementales de urbanidad, con el propósito de recomponer, de inicio, el núcleo familiar, y después la red vecinal o tejido social visiblemente dañado o deteriorado. La situación me trasladó a la historia de la película Un Vecino Gruñon, en inglés A Man Called Otto,(2022), una comedia dramática protagonizada por el actor estadounidense Tom Hanks, y en papel coprotagónico, la actriz mexicana Mariana Treviño. El primero interpreta el personaje de un solitario viudo endurecido por un doloroso pasaje del pasado, sin embargo, honesto y responsable de sus deberes como ciudadano y miembro de una comunidad.
Con una introspección podríamos empezar, desahogar esos traumas o complejos que nos atormentan o nos impiden vivir con tranquilidad y en paz con los demás. Hacer la guerra o generar rispidez en las relaciones con otros, denota incapacidad para convivir en armonía o de plano absoluta infelicidad.
No podremos aspirar a un mundo en paz, sin antes regresar a los valores esenciales del ser humano, el respeto, la unidad, la tolerancia, la solidaridad, la honestidad y el bien común. Solo en la paz aseguramos nuestra permanencia, libertad y progreso. La guerra nos remite irremediablemente a la decadencia y el exterminio. Hasta la próxima.
Julio 1 de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


