En sus tiempos de primer mandatario (1982-1988), cuando la crisis económica apretaba al país, el presidente Miguel de la Madrid expresó: “México es más grande que sus problemas”, aludiendo así a la transitoriedad de las dificultades económicas a las cuales su gobierno hacía frente. No erraba de la Madrid en aquello de la grandeza del país, como tampoco ahora sería erróneo asegurar que “México es más grande que sus políticos”. La reflexión previa se debe a que, pese a las crisis de inseguridad, de salud y económica, desde la cúpula gobernante se privilegia una prematura agenda electoral en actitud que parece omitir, por evasión, la responsabilidad de resolver esos grandes problemas nacionales, lo cual deriva en que con suma frecuencia escuchemos que “México es un Estado fallido”. No obstante, en todo caso el “fallido” sería el gobierno, cuya transitoriedad se limita a seis años, mientras que el Estado Mexicano como concepto jurídico- político permanece, aunque con un tejido social bastante dañado y a la espera de mejores circunstancias para combatir la pobreza y las acentuadas desigualdades sociales inmersas en la sociedad mexicana. Asegura el presidente López Obrador que los dos años siguientes, los últimos de su gobierno, serán los mejores y vienen cosas buenas para el país, ojalá así fuera, aunque, sin ánimo de ser pesimistas, no se advierten en el panorama nacional las condiciones para hacerlo posible; acompañan a ese ineludible pesimismo los siguientes datos: en materia de salud ya se observa inalcanzable el proyecto de la medicina para todos, mucho menos conseguir elevar los servicios de salud al nivel existente en los Países Bajos; la imparable inflación económica amenaza permanecer por un largo plazo, dando fin a las esperanzas de abatir el nulo crecimiento registrado en los ya casi cuatro años de gobierno; la crisis de inseguridad se profundiza debido al incontenible avance de la delincuencia organizada, y esa sí es genuina amenaza contra el Estado Mexicano al cual le ha venido disputando territorio para mantenerlo bajo su dominio. Es breve el recuento, pero no son los únicos problemas de gran calado que sufre nuestro país y merecen de inmediata atención, sin embargo, solo escuchamos el ruido cotidiano de las corcholatas destapadas, como dramática señal de una rendición anticipada para dejarle al futuro la responsabilidad de atender los graves expedientes referidos. Frente a tal circunstancia, no queda sino exclamar: Sí, México es más grande que sus políticos.
México es más grande que sus políticos
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