El Covid-19 y mis nietos. (Primera y segunda parte)

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ESPACIO CIUDADANO

El Covid-19 y mis nietos.

(Primera parte)

Jorge E. Lara de la Fraga.

¡Ay reata no te revientes, que es el último jalón!. Ánimo, ya falta menos. Empiezo a elaborar este comentario el día 15 de mayo, lapso cronológico donde se conmemora el festejo merecido a los docentes de todo el país; vaya desde aquí mis respetos y mi reconocimiento a todos los colegas didácticos, tanto para aquellos que –como yo- estamos justamente jubilados, como para los esforzados educadores que ofrecen diariamente su óptimo esfuerzo –vía virtual o presencial- a fin de que las nuevas generaciones se desenvuelvan armónicamente. Aprovecho las circunstancias para relatarles que con motivo de la pandemia existente y de la reclusión física respectiva que todos estamos padeciendo me permití, en mi calidad de abuelo y profesor, solicitarles a mis 6 nietos que me elaboraran algo con relación a ese virus mortífero que ha provocado múltiples víctimas en todo el orbe, en más de 200 países. Les especifiqué a mis descendientes que a través de dibujos, de esquemas, de escritos, de narraciones, de cuadros estadísticos o de trabajos manuales podrían solventar mi petición. Esos infantes, adolescentes y jóvenes no me hicieron quedar mal y a continuación detallo sus aportaciones.

Jorge Rodrigo, el más pequeño de mis nietos, con apenas 4 años y medio de edad (alumno de preescolar), ante su imposibilidad de escribir o dibujar algo preciso, utilicé la plática o el diálogo, indicándome con sus palabras que todos debíamos cuidarnos y no salir a la calle porque un microbio o “germen” enferma a las personas y algunas pueden morir, por ello sus papás no van a su trabajo y él y su hermano no han ido a sus escuelas. Agregó que ese “germen” o robot malo           hace que los niños tengan tos, calentura y dolor de cabeza; ante lo cual él siempre toma el jarabe que le da su abuela Rosy y unas medicinas que tienen sus papás, pues esos medicamentos (término mío) son como el “robot bueno” que le ganará al malo. Por su parte, Héctor Gael, de 8 años de edad  y alumno de segundo grado de primaria, bajo la guía de mi esposa Rosa Aurora (la abuela Rosy) elaboró un modelo tridimensional del famoso coronavirus (Covid-19), utilizando materiales diversos: esferas pequeñas de unicel, popotes, alfileres, palillos, chaquira, papel fluorescente, pintura y pegamento. Dicha tarea resultó agradable para el infante Héctor, a pesar de los detalles y de lo laborioso del proceso constructivo. Al final, en una tarjeta anexa, escribió con claridad: “El Coronavirus”, trabajo hecho por Héctor Gael, bajo la conducción de su abuela. También utilizó el logotipo de la Secretaría de Salud e insertó el mensaje contundente: “¡Quédate en casa!”.

Por cuanto a mis nietos Eduardo y Alejandro, hermanos, puedo decirles que cada uno de ellos elaboró un dibujo alusivo y ambos respondieron a un cuestionario. Eduardo de 9 años y meses, alumno de cuarto grado de primaria, además del gráfico intitulado “El coronavirus y el mundo”, donde se observa cómo el planeta tierra se defiende e inyecta una vacuna al virus que lo persigue o molesta, respondió así a las interrogantes: el virus es más mortal que una bacteria y no tiene vida; la cuarentena es una necesaria medida y significa permanecer 40 días encerrado en casa; el Covid-19 es un virus mortal con forma de corona por ello es conocido también como coronavirus y ante su propagación mundial se ha convertido en una pandemia. Por cuanto a la reclusión física expresa que se siente incómodo, sin poder ir a su escuela y sin hacer cosas que le gustan; desea retornar a la vida normal para estar contento y satisfecho. Al final supone que le ganaremos al coronavirus, “pero que no todo será igual y feliz”.

Por su parte Alejandro, adolescente de 13 años y meses, alumno de segundo grado de secundaria, ilustra gráficamente al orbe circundado por el maléfico virus y responde que tal componente natural es un agente patógeno sin vida que se multiplica y ataca a los seres humanos; tal “ente” es altamente contagioso y resulta mortal en un 5% de los infectados. Si queremos algo diferente en el futuro debemos poner en operación un nuevo orden mundial, a fin de modificar el comportamiento del hombre, como especie dominante, para preservar debidamente al planeta Tierra. Agrega que durante esta cuarentena él ha estado inquieto, con insomnio y con incertidumbre. Se siente raro, extraño, “debido a que antes todos teníamos una vida ajetreada y el Covid-19 vino a frenar todo…” Supone, piensa que el brote de este virus se origina por la falta de higiene en todo el mundo, específicamente en Wuhan, China. Concluye que venceremos esta amenaza, porque “al final todos nos vacunaremos, pero nos azotará otra crisis económica casi como la de 1929…”

 

(Continuará)

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Atentamente
Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.

ESPACIO CIUDADANO

 

 

El Covid-19 y mis nietos.

(Segunda y última parte)

 

Jorge E. Lara de la Fraga.

 

Al inicio de la presente contingencia dos de mis nietos mayores (Omar André y Alejandro), cada cual en distinto momento, me ilustraron sobre los males masivos o pandemias que a lo largo de la historia ha sufrido a la humanidad, enfatizando al respecto que los grandes victimarios o “asesinos seriales” son las bacterias y los virus, mismos que han propiciado millones de muertos. Por ellos supe de las 5 epidemias más nefastas para el ser humano: la viruela, el sarampión, la gripe española, la peste negra (o muerte negra) y el virus del sida (VIH), así como de sus respectivos estragos. La viruela, en diversos períodos, ha causado la muerte a 300 millones de personas, el sarampión ha arrojado la cifra fúnebre de 200 millones, la llamada gripe española (de 1918) produjo entre 70 a 90 millones de fallecimientos y el VIH (SIDA) ha enlutado los hogares de 35 millones de individuos (hasta el momento). En el anterior comentario narré las actividades y aportaciones de mis nietos Jorge Rodrigo, Héctor Gael, Eduardo y Alejandro, que sobre el Covid-19 desarrollaron o formularon. Ahora toca el turno a mis descendientes que cuentan con más años de existencia y que actualmente cursan el nivel medio superior.

Reanudo. Mónica Azeneth, mi única nieta y dueña de mis afectos, con 15 años y meses a cuestas y alumna del primer grado de bachillerato, me entregó una sintética ficha informativa que, entre otras cosas, alude a las características del Coronavirus, a datos sobre su origen, sus síntomas preliminares, las dificultades actuales para su cura, los tratamientos clínicos para la atención de pacientes de menor gravedad, la hospitalización y el equipo especializado destinado a las personas con sintomatología crítica. También en ese trabajo enlista a los países con más elementos contagiados y en un apartado especial se mencionan las estadísticas de México, en lo concerniente a contagios contabilizados, a casos recuperados y a las cifras lúgubres de los fallecidos. Al final Azeneth expresa su opinión sobre la problemática pandémica: “La epidemia es una realidad, ahí está, pero muchas personas que no tienen necesidad de salir de sus hogares lo hacen y varios de ellos se contagian o infectan.  Asimismo, hay gente que trabaja a pesar de los riesgos para sobrevivir, pues no dispone de los recursos necesarios. A nosotros, que estamos bien y no tenemos dificultades, nos toca ayudar un poco a las personas que lo necesitan y además cuidarnos bien”.

Omar André, el mayor de mis nietos, con casi 18 años y ya pronto a egresar del bachillerato, me envió por vía digital un comentario donde destaca que tal virus es letal, altamente contagioso y bastante peligroso como para afectar y saturar los sistemas de salud más estables del mundo. Enfatiza que en nuestro país tuvimos la posibilidad de frenar aún más la propagación del virus, pero lamentablemente la ignorancia abunda y el gobierno mexicano (así como las autoridades de otros países) no procedieron como es debido y así no se pueden aminorar los efectos de la actual pandemia. En un párrafo de su escrito intitulado “La verdad duele” hace una crítica al gobierno de los Estados Unidos y también indica los errores cometidos por la administración federal de nuestro país; resalta además que todas las naciones, incluyendo la nuestra, saldrán sensiblemente deterioradas en el renglón económico-productivo después de la contingencia. Con ánimo juvenil avizora con optimismo un devenir promisorio con la presencia de nuevas generaciones críticas y bien fortalecidas en lo científico, en lo humanístico y en lo tecnológico. Al final de su aportación alude a la ignorancia del pueblo mexicano (producto en buena medida de la desatención de la educación pública durante los 5 últimos sexenios) y exige que la gente no se deje engañar por los políticos nefastos. Culmina con la interrogante: ¿Cuántas personas más deben de morir para que la humanidad sea más previsora y deje de agredir a la naturaleza?.

Ni duda cabe que las aportaciones y las realizaciones de mis descendientes, de los hijos de mis vástagos, me han ilustrado ahora en mi etapa de adulto mayor, en “el otoño de mi existencia” y en este pasado 15 de mayo fui el alumno de mis inquietos y avezados preceptores, toda vez que a través de ellos aprendí algo más sobre el Covid-19 y sobre las peores pandemias que han azotado a la humanidad a lo largo de los siglos. Por otra parte, durante este ejercicio intergeneracional, tuve la oportunidad de valorar y conocer las inquietudes, capacidades, aptitudes y conocimientos de mis consanguíneos impetuosos, que ya se disponen a desarrollarse a plenitud y a cumplir posteriormente con sus retos y compromisos existenciales.

 

 

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Atentamente
Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.

 

 

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