En el vuelo del águila

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ESPACIO CIUDADANO

En el vuelo del águila.

Jorge E. Lara de la Fraga.

Durante estos tiempos del virus pernicioso (no del cólera), para no permanecer estático en el terreno mental y dejar a un lado los chismes y los rumores siniestros, me propuse investigar algunas cosas sobre la disciplina deportiva del salto con garrocha, encontrándome con datos interesantes y con proezas significativas. Así me enteré que los antiguos griegos, fuera de sus competencias establecidas, practicaban esa actividad, quedando para la posteridad rasgos, diseños o pinturas (en lienzos, vasijas u otros objetos) para testificar tal suceso. También supe que el salto con garrocha fue una táctica militar utilizada en contiendas guerreras, para traspasar las murallas de los castillos medievales durante los asedios a sitios, en lugar de plataformas o escaleras. Asimismo, los hombres del campo, los agricultores, se apoyaban en varas flexibles para cruzar zanjas, áreas cenagosas o espacios de cierto riesgo. Ya como disciplina deportiva se incorpora a la programación olímpica desde 1896 (Primeros Juegos Mundiales de la era moderna), únicamente para la rama varonil, estableciéndose las reglas básicas para su ejecución.
Amerito consignar que para tal competencia atlética se utiliza una pértiga, “aguja” o garrocha hecha de un material flexible, con una longitud de 4 a 5 metros. Antes fue de bambú o metal, hoy es de fibra de vidrio y carbono; en el desempeño de la justa el (o la) atleta utiliza su propio peso para lanzarse como catapulta, a fin de superar una barra en la altura, cumpliendo con la normatividad estipulada y considerando 3 intentos por cada escaño cuantitativo. Para esta complicada prueba se requiere o demanda de los participantes una buena velocidad de carrera, músculos fuertes en la espalda y gran habilidad gimnástica. Muchos son los invitados y múltiples los convocados, pero pocos los elegidos, toda vez que hay que poseer una técnica muy depurada, así como energía y destreza. Destaco que las mujeres son incluídas formalmente para participar en esta prueba hasta el año 2000 (104 años después que los hombres) y han logrado avances y éxitos singulares, por sobre la discriminación y los prejuicios(v.gr. la atleta rusa Yelena Isinbáyeva).
Por cuanto a la rama varonil, manifiesto que antes de la Primera Olimpíada celebrada en Atenas (1896), dos atletas ingleses establecieron récords en una competencia nacional: ellos fueron Robert Musgrave(3.05 m.) y Robert Towers (3.35 m.) en 1854. Mucho después, en el siglo XX, Robert Gardner, norteamericano, impone la marca de 3.95 m. en 1912. Durante ese año, meses después, Marc Wright (E.E.U.U.) rebasa los 4 metros y sitúa el récord en 4.02 m. Desde 1920 hasta 1962 nadie rebasó la varilla ubicada en los 5 metros. Fue en 1963 cuando un dúo de norteamericanos “volaron” arriba de los 5, primero Brian Sternberg (5.01 y 5.08 m.) y después John Pennel (5.13 y 5.20 m.). Durante el resto de la centuria pasada fueron “cayendo marcas”, mejorándose técnicas y recursos tecnológicos en la configuración de las pértigas, sin que ningún humano rebasara la varilla a más de 6 metros. Ello acontece en las postrimerías del siglo XX, en 1994, cuando el portentoso atleta ucraniano Serguéi Bubka, considerado el mejor saltador de la historia, se convirtió en el primer deportista que superó la barrera de los 6 metros, ejerciendo una supremacía notoria a lo largo de una década (de 1984 a 1994), obteniendo lauros y éxitos sin descalabro alguno e imponiendo al final dos escollos difíciles de superar: 6.14 m.(al aire libre) y 6.15 m. (en pista cubierta).
Pero ni duda cabe que el ser humano carece de límites en los ámbitos competitivos, pues si bien Bubka fue un “fuera de serie” (como Nurmi, Owens y Zatopek), al paso del inexorable tiempo y en este siglo XXI, dos deportistas esforzados han logrado la hazaña de superar los “referentes mágicos” del ukraniano. En el 2012, después de 19 años, el francés Renaud Lavillenie logra rebasar la varilla en 6.16 m., un centímetro más que la marca establecida en 1993. Lo extraordinario acontece en este año 2020, con la aparición de un joven enjundioso y optimista de 20 años que en el mes de febrero, supera en dos ocasiones la marca del francés Lavillenie, perfilándose como un favorito para agenciarse la medalla aúrea en la muy próxima Olimpíada de Tokio. Dicho portento que se llama Armand Duplantis participó en dos confrontaciones internacionales y brilló a plenitud. El 8 de febrero impuso nuevo récord mundial en Torun, Polonia (6.17 m.) y a la semana siguiente lo superó en Glasgow, Reino Unido, el 15 de febrero, con la marca de 6.18 m.
Estoy seguro que mucho se hablará sobre este contendiente que nace en Estados Unidos pero que compite bajo la bandera sueca (su madre es nativa de Suecia), por lo pronto puedo adelantar que sus familiares y amigos lo llaman “Mondo” y que sus padres han sido sus más fieles maestros en tal disciplina. Fue campeón de Europa en 2018, en París y se distinguió como participante juvenil en varios escenarios europeos y de Estados Unidos. Es hijo y hermano de atletas y aunque solo mide 1.81 es muy rápido y de técnica depurada. Lavillenie admira a Duplantis y le desea lo mejor; reconoció que los récords son para abatirlos y que el nuevo monarca tiene todo el tiempo y los atributos para seguir adelante. Ya veremos y felicidades para el atletismo de alto rendimiento.

Atentamente

Profr. Jorge E. Lara de la Fraga

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