La juventud en sincronía con sus talentos

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ESPACIO CIUDADANO

La juventud en sincronía con sus talentos.

Jorge E. Lara de la Fraga.

 

Hace algún tiempo en una convivencia informal un hombre rústico, ya entrado en años, nos expresaba a todos los presentes que cada individuo tiene sus particulares “gracias”, que cada persona posee aptitudes específicas para desempeñarse con eficiencia en una labor determinada o para tener éxito en una profesión o en un oficio. Ese mismo compañero ocasional también aseveraba que si bien todos podríamos triunfar en razón de nuestras potencialidades intrínsecas, muchos lamentablemente no han logrado lo óptimo por encaminarse hacia senderos distintos a su misma naturaleza. Hago referencia a lo anterior porque en verdad, así como se habla de diferencias individuales, que son las existentes entre los elementos de una comunidad, también es necesario apuntar lo inherente a las diferencias introindividuales, mismas que se explican en el sentido de que una persona puede ser hábil en unas cosas, de regular desempeño en otras y carecer de recursos propios para efectuar determinadas labores. Es decir, el ser humano tiene en sí mismo sus fortalezas y sus debilidades. Al respecto el hogar y la escuela, tanto los padres como los maestros, deben unir fuerzas y encauzar apropiadamente a las nuevas generaciones por el camino preciso, detectando las virtudes de ese material humano bajo su responsabilidad. Muchas veces los mayores obstaculizamos a los infantes o adolescentes que anhelan desenvolverse en determinada dirección y por comportamientos torpes y prepotentes propiciamos que se escabullan vocaciones o empujamos a jóvenes por sendas equívocas, donde se van a proyectar en términos mediocres y poco trascendentes.

La vida contemporánea nos permite disponer de recursos técnicos para actuar en consecuencia; si un padre o una madre desean lo mejor para su renuevo pueden solicitar que al muchacho en cuestión se le apliquen pruebas o tests de diversa índole, por personal capacitado, a efecto de obtener un diagnóstico de las habilidades, intereses y capacidades del interesado y en razón de ello determinar las opciones más viables de estudio, de desempeño laboral y de ámbitos del orden profesional, donde dicha persona podría explayarse mejor en el futuro. Mal proceden los progenitores que no respaldan a sus descendientes cuando los dirigen por horizontes distintos a sus singulares posibilidades, así como también actúan incorrectamente algunos profesores cuando frenan los ricos patrimonios de realización espontánea de los niños y jóvenes a su encomienda. Tan fácil como sería dejar que los educandos procedan sin restricciones enfermizas y medievales, operando con sensibilidad pedagógica para tender “puentes de esperanza” y senderos de genuina realización humana.

Cuando observo el desempeño de un responsable ebanista, también el trabajo de un ameritado albañil o la tarea de un eficiente fontanero, puedo decir como mis mayores que “un oficio bien vale una hacienda”, razonando en tal contexto que la persona identificada a plenitud con su actividad cotidiana es un elemento triunfador y exitoso, no así muchos otros individuos que deambulan tristemente sin rumbo por la vida, con un titulo bajo el brazo, con escaso interés hacia su desempeño laboral y efectuando actividades ajenas a los estudios cursados en una institución del nivel superior.

Quienes viven en sincronía con su naturaleza son plenos y felices, son triunfadores, desde el artista que pulsa un instrumento de cuerdas con donaire y delectación, el profesional que se vuelca emocionalmente en su tarea, hasta el herrero que metamorfosea el hierro candente en una estructura estética. Desde nuestros amaneceres existenciales todos venimos pertrechados con nuestras virtudes y potencialidades, mismas que debemos cultivar. México está demandando mejores cuadros generacionales en estos momentos de emergencia; es de desearse que los futuros ciudadanos se desarrollen integralmente, en razón directa a sus potencialidades, en el entendido de que si somos triunfadores en lo individual, ello se reflejará lógicamente en lo colectivo, todo dentro de un proyecto nacional congruente, patriótico y soberano.

Atentamente:

 Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.

 

 

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