Ansiedad, angustia y desesperación.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

Carlos Almonte, joven estudiante, no podía seguir esperando más, la angustia le taladraba el alma, la desesperación le sacudía las entrañas. El andén estaba solitario, vacío, las vías aun no vibraban anunciando la cercana llegada del tren. Todo estaba en calma. Cristina Artemio, su fiel compañera, tenía que llegar en ese tren. El sonido local de la estación en esos instantes estaba anunciado en la sala de espera, un retraso debido al mal tiempo que azotaba la región en esa época del año, el lluvioso otoño era ya una tradición más en el puerto.

Carlos desesperado, se dirigió con pasos apresurados a la ventanilla de información a pesar de que ya habían anunciado el retraso; a Carlos le carcomía el pesimismo, la ansiedad, no podía imaginar siquiera que algo malo le sucediera a Cristina y pretendía en su temor, obtener información adicional que lo tranquilizara. La desconfianza y desesperación aumentaba su tención, no podía más con esa angustia, con esa ansiedad; cuando de pronto, a lo lejos se oyó el lúgubre silbato del tren anunciando su inminente llegada. Carlos corrió al andén tropezando con los pasajeros que también aguardaban. El tren estaba llegando media hora más tarde, suficiente tiempo para que una mente enfermiza como la de Carlos desesperara de angustia y depresión. Cristina por fin descendió, abriéndose paso entre la gente corrió a abrazar a Carlos. Un beso desapareció prodigiosamente la tensión.

El estrés intenso, severo y sostenido, aunque sea por un corto espacio de tiempo, precipita cuadros de ansiedad, angustia y desesperación en muchas personas desde siempre. La ansiedad es un estado agudo de agitación, inquietud, intranquilidad o zozobra del ánimo, que crea un temor opresivo sin causa precisa o racional; aprieto, sofoco, opresión torácica o abdominal, dolor y sufrimiento, ante una desgracia o peligro latente por lo general fabricado sólo en nuestra mente y que una vez desaparecida la situación desencadenante, suele remitir tales síntomas. Todos estamos expuestos a padecer en nuestra vida épocas de ansiedad en mayor o menor intensidad. Que si el trabajo, estudio o tarea no se culminó como debiera; que si la novia me terminó, dejándome profundamente enamorado; que si alguien a quien se espera no llega, matándonos de angustia, etc. Lo trascendente y verdaderamente importante es dejar de tener miedo a tener miedo en la vida, aceptar la realidad que nos envuelve y aceptarnos a nosotros mismos, ser expresivos y confiar en que cada problema por difícil que sea, tiene su solución. No se angustie demasiado ni se carcoma tanto el alma, la desesperación evita siempre hacer las cosas bien, actuar razonablemente y pensar racionalmente.

La ansiedad, angustia y desesperación son parte de nuestra vida cotidiana, podría decirse que es parte de nuestra propia naturaleza, innato en nosotros y debemos aprender a vivir con ellos con fuerza, valor y determinación porque pueden derivar en trastornos o crisis de pánico, fobias y hasta en trastornos obsesivo compulsivo. El cuento anterior, es sólo un ejemplo más. Recuerde, es muy importante aprender a dejar de tener miedo a tenerlo. La vida siempre nos ofrece salidas aunque tan ensimismados estamos algunas veces en algo, que no las vemos. Aprenda a luchar con sus miedos, todo absolutamente todo, tiene solución en la vida, hasta la muerte llega a ser, en ocasiones, una solución reconfortante aunque muchos no lo crean. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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