La tormenta.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

“Kirby había esperado toda la semana por este día. Él y su mejor amigo Austin habían juntado todo tipo de envases para usar como moldes en su castillo de arena. Hasta habían dibujado un plano. Este año, sabían que podrían ganar el premio por el mejor castillo de arena de su categoría.

Llegaron temprano a la playa y marcaron su área. Se pusieron a trabajar enseguida. Había niños de todas las edades construyendo castillos de arena. El de Kirby y Austin adelantaba rápido y se veía magnífico. Kirby acababa de volcar el último molde de arena sobre la torre cuando un niño que perseguía a otro, muy robusto, pasó corriendo. Justo cuando el niño grandote llegó al castillo lo saltó, pero el que lo perseguía no tenía piernas tan largas y derrumbó una parte grande. Y lo peor, ambos rieron mientras se alejaban corriendo. Austin estaba atónito, pero Kirby estaba furioso. – ¡No, No, No! –Gritó–-. ¡¿Por qué?! Entonces tomó el cubo más grande y comenzó a derribar el castillo mientras gritaba. Echaba arena a todas partes y en segundos el precioso castillo ya no existía. – ¡Kirby! –Le gritó Austin–. Lo podíamos haber arreglado. Oh, ¡qué mal! Austin se alejó. La mamá de Austin, que los había acompañado a la playa, se acercó y se juntó junto a Kirby. –Kirby  –le dijo–, cuando permites que tu ira te indique qué hacer, nadie gana. Tú, menos que nadie. Al final, fuiste tú con tu ira quien destrozó el castillo, y no esos niños. Cuando alguien te hace enojar, cuenta hasta diez antes de actuar o hablar. Pídele a Dios que te ayude a no responder con ira. La ira en sí daña más que la condición que lo causó. Controla tu ira”.

El libro de Los Proverbios nos dice: “El que es iracundo provoca contiendas; el que es paciente las apacigua”. Proverbios 15:18. No soy muy dado a usar citas bíblicas en mis comentarios; sin embargo, esta me llamó mucho la atención porque se ajusta perfectamente a la historia anónima que les acabo de presentar. La ira, rabia o enojo es una emoción que se expresa a través del resentimiento, de la furia o de la irritabilidad. Los efectos físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisor que puede generar estrés). Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daño percibidos. La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento, cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento amenazante de otra fuerza externa. La ira puede tener muchas consecuencias físicas y mentales graves. Prácticamente no tiene razón de ser; y sin embargo, sucede cuando de repente nos enfrentamos a situaciones que nos producen una fuerte emoción. Una pasión del alma que causa indignación y enojo, precedida de un apetito o deseo de venganza que pudiera causarnos muchos males presentes de repente y futuras consecuencias, de las cuales siempre o casi siempre nos arrepentiremos. Procuremos entonces evitar esta dañina moción personal, esta pasión del alma, que puede conducirnos a actos repetitivos de saña, encono o venganza. Pasiones negativas todas que a nada bueno conducen y que sí, efectivamente, nos acarrean graves consecuencias. En verdad que cuesta trabajo evitarla, por lo que debemos respirar profundo y pensar, pensar con soltura antes de actuar. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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