Democracia y partidos políticos

Por Alfredo Bielma Villanueva

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CAMALEÓN

 

No hay democracia sin partidos políticos, de hecho, la simbiosis entre ambos es condición sine qua non. Si en México la opinión pública no resulta favorable a esa modalidad de organización política no es a causa de su existencia, sino por un desempeño no siempre ad hoc a los intereses de la democracia, uno de cuyos efectos, la sin par partidocracia, surgió como consecuencia de la complicidad y connivencias entre diversos sectores de la clase política, cuya elite aprovechó su enclave de poder para beneficio de grupo y personales. Sin embargo, deber es reconocerlo, es un fenómeno no ajeno a los partidos políticos, pero en esencia nada para extrañarse, si nos atenemos a la evolución política del momento.

En nuestro país los partidos políticos son organizaciones de orden público y su actuación debe ser revisada porque funcionan en base a recurso fiscal entregados en forma de prerrogativas. De allí la intervención del Instituto Nacional Electoral para hacer cumplir el mandato del código electoral que incluye la obligación de cada partido para entregar al órgano electoral su padrón de militantes, cuyo número debe ajustarse a un determinado porcentaje que, si no es cubierto, se pone en riesgo el registro. En esa condición se encuentra el Partido del Trabajo, cuyo padrón de militantes no alcanza el mínimo establecido para conservar el registro, tiene de plazo hasta fines del mes en curso para depurar su padrón y demostrar que el número de sus militantes cubre el requisito exigido por el INE, de otra manera el Partido del Trabajo perderá su registro.

En ese contexto están los partidos políticos en México (excepto MORENA), aturdidos aún por el efecto devastador de la elección de 2018. El PRI, el PRD penan por su supervivencia, lejos sus condiciones actuales de aquella hegemonía priista y las pretensiones del PRD por defenestrarlo en la década de los noventa del siglo pasado. El PAN, con todo y sus divisiones internas queda en segunda posición, aunque ni remotamente cercano a MORENA, el nuevo partido con tendencias y acaso querencias hegemónicas. Amaneciendo el siglo el PAN ganó la presidencia, gobernó doce años hasta el 2012, cuando el PRI recuperó Los Pinos con ánimo de restauración, frustrado por errores garrafales y sumido en un pantano de corrupciones e ineptitud sorprendentes.

Para quienes en 2000 votaron por vez primera y están frisando la cuarentena de años la década finisecular del siglo XX les debe sonar a historia, un largo periodo de hegemonía política protagonizado por el PRI amenazado ya por la intensa movilidad ciudadana de esa década y por dos partidos- PAN y PRD- en abierta lucha por desplazarlo; una desatinada estrategia quitó al PRD esa oportunidad, aprovechada por el PAN cuya táctica de colaboración con el gobierno le adelantó políticamente. Andrés Manuel López Obrador presidía el verde amarillo cuando en 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de diputados del Congreso Federal, pero el PAN ganó la presidencia en 2000.

La arena política nacional fue transformándose a partir de la década finisecular del siglo XX y ha continuado en el XXI con la misma tendencia, pues territorialmente el PRI comenzó a perder gubernaturas mientras el PRD, y subrayadamente el PAN ganaban terreno. Pero esa depredación política antipriista no evitó al PRI reinstalarse nuevamente en 2012, aunque ya estaba menguado en el Poder Legislativo y requería negociar para avanzar política y legislativamente, alimentando el bodrio conocido como partidocracia. Durante su larga vida el PAN ha sufrido guerras intestinas, muy severas como suelen ser en este partido. Por su parte, el PRD nunca fue monolítico, y en su genética llevaba el virus de su propia destrucción porque los diferentes grupos a su interior, inoculados ya por la avaricia del poder, ideologizados solo en apariencia, se fracturó letalmente cuando sus cuadros empezaron a emigrar, Cuauhtémoc Cárdenas el primero que lo cimbró, pero Los Chuchos tenían el control y resistió. No pudieron ni quisieron retener a López Obrador cuando éste advirtió de su salida porque les estorbaba en sus negociaciones con el poder. Salió López Obrador y, como cuenta de un rosario, otras perlas lo siguieron dejando a Los Chuchos y compañía con un cascarón sin sustancia. Por eso el PRD convulsiona de muerte.

En 2014 nace MORENA, lleva en su seno el virus perredista, muchos “izquierdistas” han arribado al poder, pero tantos años en la cafetomanía, de discusiones ideologizadas respecto a los grandes problemas nacionales los han inhabilitado para la administración, caro resultará a México ese aprendizaje, si es que aprenden. Con el sobre quincenal, las canonjías de poder iniciarán la etapa del usufructo, vendrá la avaricia y la metamorfosis se completará si hay reintegro en 2021 y 2024. Mientras, MORENA sigue siendo una incógnita electoral porque requiere de la suma del PT, del PES y del Verde, sus actuales rémoras, para seguir legislando a modo.

Cuatro son las organizaciones a punto de convertirse en Partidos: Redes Sociales, de la profesora Gordillo; Grupo Promotor de México, del ex Panal; Encuentro Solidario, de los evangélicos; y México Libre, de Margarita Zavala y Felipe Calderón, por ley no pueden formar alianza electoral, pero su participación en la elección de 2021 abonará el terreno de la dispersión del voto, esto favorecería a MORENA porque con sus aliados derrotaría al PAN, el PRI, Movimiento Ciudadano y el PRD, si no concluyen en que solo con alianzas estratégicas serían competitivos.

Obviamente, López Obrador hace lo suyo y ya prepara iniciativa para disminuir en un 50 por ciento la aportación financiera a los partidos políticos. No es ninguna novedad, pero llama la atención la diferencia de actitud que adopta un político en funciones de oposición y otra muy diferente, hasta diametralmente opuesta, cuando ya ejerce el poder público. El 29 de junio de 2017 el ahora presidente, en funciones de oposición, promovió acción de inconstitucionalidad contra una disposición del Congreso de Yucatán que acordaba disminuir en 50% el subsidio a partidos políticos; su apelación obtuvo éxito y así evitó el recorte que consideraba injusto e inequitativo. Pero ya convertido en presidente de México, el mismo AMLO (¿u otro?) ahora propone por austeridad, dice, lo que antes rechazaba. Es sabia la consigna cuyo lema refiere “no es lo mismo ser borracho que cantinero”.

alfredobielmav@hotmail.com

13- 3n3r0- 2019

 

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