Utopía como camino.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

La utopía, nos sirve para avanzar, dijo alguna vez Eduardo Galeano, fallecido en 2015 en su natal Uruguay. Es para hacer posible lo que a los ojos de la mayoría parece imposible. Cada día aumenta el número de las personas que viven la energía interior del deseo de cambios en la estructura social y política. Y tienen la generosidad para consagrar su vida a la búsqueda de esta nueva realidad.

Muchas de estas personas están convencidas de tener fe en la humanidad y un amor compasivo con el planeta. Se reúnen en los diversos foros sociales para alimentar su confianza en el logro de sus ideales. Esperan contra toda esperanza, lanzan su grito de exigencia para exigir que las conciencias despierten y que los responsables de las grandes políticas cumplan con sus obligaciones. Estos jóvenes son los actuales profetas, que denuncian el mal y anuncian el bien comunitario. Las formas son diversas, pero la convicción de una lucha por un mundo donde se respeten los valores fundamentales es la misma. Manifiestan un espíritu que es la fuente de toda revolución amorosa y solidaria. Un espíritu que se muestra activo en las organizaciones sociales, en las reuniones ecuménicas, en los foros mundiales. Cada día con mayor osadía y convencimiento de que urge educar las conciencias, en cambiar las tradiciones obsoletas y pasivas que estamos acostumbrados a admitir. No se trata de sostener charlas de café para comentar la tragedia que se avecina. Ni de criticar sin comprometerse. Es necesario que en nuestros círculos de amistad o de compañeros de trabajo inquietemos, incomodemos a quienes todavía no se despiertan. Y formar grupos que tengan metas concretas para cambiar esta realidad. En el ámbito de la seguridad, de la ecología, de la cultura, de la educación informal, de la salud. En la historia tenemos ejemplos impactantes de personajes iniciadores de movimientos que ayudaron a construir mundos más humanos. Sidarta Gautama renunció a vivir como príncipe y se dejó llevar por la compasión con todos los seres vivos para vencer los sufrimientos. Gandhi despertó las conciencias de los hindúes para luchar por la construcción de la Independencia de su país con el método de la no violencia activa. Martín Luther King hizo grandes avances en la defensa de los derechos de los negros contra los intolerantes ciudadanos blancos de los Estados Unidos, proclamando los derechos inalienables de todas las personas. En cada país han existido movimientos estimulados por personas que tienen la visión utópica de transformar la sociedad que vive situaciones de maldad o de carencia de justicia y equidad. Para los cristianos el modelo es Jesús de Nazareth, que proclama valores contradictorios a las estructuras religiosas y de poder de su tiempo. Y dejó una enseñanza que inspira actualmente a muchos de los luchadores sociales.

Cuando la sociedad se atreve a vivir una forma de solidaridad, de convivialidad, de comensalidad, es cuando surge el verdadero espíritu humanista. Que restauran la dignidad de quienes están oprimidos, realizando acciones y organizaciones concretas con grupos sociales. Los hay que se empeñan cada día en restaurar la dignidad de la tierra, los animales, el agua, el aire y el suelo. Quienes combaten posturas racistas y fanáticas que ofenden gravemente la dignidad femenina. Quienes usan los métodos educativos para expandir la transformación social por todo el pueblo. Quienes se unen para hacer sinergia en los esfuerzos transformadores. Quienes prefieren la vida austera, que les da libertad, a la ostentación de riqueza y poder. Quienes finalmente vuelven sus ojos hacia el interior, hacia la espiritualidad, para sacar las fuerzas necesarias para su lucha personal y comunitaria. Quienes se mueven hacia delante, porque la utopía los hace caminar. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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