Una amena tertulia.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

En la maña de hace ya algunos años recibí la sorpresiva y siempre grata visita de mi querido amigo el Cronista emérito de la Ciudad, el señor Melquiades Castro Aguilar. Platicamos amenamente un buen rato compartiendo el pan y la sal que nos ofreciera mi amada esposa, cuando de repente se integró a la reunión otro querido amigo, el Licenciado Miguel Ángel Martínez Pliego, y retomamos la charla acerca del “festejo” del día y algo de las notas periodísticas alusivas, que habíamos comentado en un principio.

 

Nada que destacar del día, pero si mucho que decir de los grandes personajes ilustres que dieron auge y empuje a la ciudad en diversas circunstancias, y que hoy algunos se encuentran descansando en paz en el panteón municipal, tal como nos lo hizo notar el Cronista emérito de la Ciudad a través de una copia que amablemente nos obsequió de un estupendo reportaje que publicó en el antaño Diario Martinense allá por finales de octubre de 2001. Armamos una buena tertulia con abundantes temas, enriquecidos con la nutrida información que aportaron ambos amigos. Temas variados pero profundos. Hablamos de muchas anécdotas suscitadas en el Ingenio Independencia, de las que al respecto del tema el buen Melquiades nos dio la receta de la preparación de la clásica bebida “Perro Negro”, deleite que algunos obreros de la fábrica azucarera disfrutaban asiduamente en horas de trabajo. Fueron otros tiempos, memorables épocas atesoradas en los recuerdos del Cronista de la Ciudad, que compartió con nosotros. Yo les platiqué que por azares del destino, siendo adolescente, fui testigo presencial del asesinato del destacado periodista Dimas Preza, una noche tranquila en que me encontraba pescando con cordel a medio puente. En aquellos años algunos amigos y yo intentábamos lograrlo. Otros osados martinences hacían clavados desde las pilastras centrales del puente, a las que hábilmente descendían desde los barandales del mismo. El mismo puente alberga innumerables leyendas, nos platicó el Cronista; como aquella en que durante su construcción en alguna de las pilastras, doña Ana Soledad Orosco García, esposa del General Manuel Ávila Camacho, acompañada de ilustres damas de sociedad de aquella época, arrojó algunos centenarios durante el vaciado de concreto. Ustedes dicen si se atreven a buscarlos, con un tono de broma nos invitó. La misma práctica realizó la señora durante el vaciado de concreto en la base de la grúa polar que se instaló en el Ingenio Independencia, y la misma invitación nos insistió nuestro buen amigo Melquiades.

 

Casi ya para finalizar, nuestro apreciable amigo Miguel Ángel Martínez Pliego nos comentó como logró seguir la difícil carrera de Comunicación Social, desertando de su pretensión inicial de seguir la ardua carrera de Medicina. Una amena tertulia, agradable y plagada de chascarrillos que disfrutamos todo el tiempo, mejor que si la hubiéramos planeado. Ocasiones como estas difícilmente pueden repetirse, pero si hacemos un intento es probable que se pueda, todo es cuestión de proponérnoslo. Ojalá y se logre. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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