Trabajo y responsabilidad.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

“Algunos hombres son útiles, pero ninguno indispensable; sólo el pueblo es inmortal”.

Robespirre.

El éxito en cualquier tarea, en cualquier empresa, que emprendamos sin duda existirá, pero tiene que encontrarnos trabajando y luchando con tesón para conseguirlo. Benjamín Disraeli o Conde de Beaconsfield, político, escritor y aristócrata británico del siglo XIX, decía que: “el hombre no es hijo de las circunstancias, que las circunstancias son hijas de los hombres”. Sin duda interesante pensamiento con el que se reivindica la capacidad del hombre de ser el responsable de sus propios hechos, acciones que revelarían finalmente el éxito o fracaso de determinada actividad.

Ese abundante virus de la irresponsabilidad que actúa como parásito colgándose de nosotros mismos, ha de ser como una escabrosa pandemia que se extiende también hasta el más recóndito municipio o dependencia de nuestro Estado y del Gobierno Federal, donde ningún Ayuntamiento, Junta Municipal, Jefe de Cuartel o dependencia Federal alguna se escapan. Así no podemos plantearnos con la seriedad que requiere, el reto de exigir que se procure un desarrollo económico y social ascendente y el impacto que éste tiene en la vida cotidiana y ordinaria que vivimos todos los días, si no nos planteamos de frente lo que significan para la vida económica de un País, el trabajo y la responsabilidad conjunta, donde interactúen todos, gobierno y ciudadanía, buscando el logro adecuado de este objetivo. La lucha no es nada fácil, pero tampoco se antoja imposible. El hartazgo en el que indudablemente nos encontramos la gran mayoría, no sobrepasa todavía la abominable indiferencia que siempre nos ha caracterizado. Es necesario que como casi siempre sucede, las últimas consecuencias sean las que nos asfixien, nos ahoguen, para buscar lo que debimos hacer desde un principio. Esa es nuestra amarga realidad, como lo hemos vivido ya en otras circunstancias. Tal parece esa es nuestra peculiar naturaleza, la de no salir corriendo hasta que ya nos estén pisando los talones.

En la Administración Pública se dan muchos vicios y errores, demasiados diría yo, y que son en la realidad una práctica estadística, pero no una realidad política, se dice de una forma y se hace de otra muy diferente; el ciudadano común entiende que el gobierno de un País, de un Estado o de un Ayuntamiento son una responsabilidad compartida bilateral, dar para recibir; en cierto sentido estas expresiones pudieran parecer románticas, pero no lo serían tanto si lo vemos desde la perspectiva de que el salario que devenga el funcionario de más alto rango hasta el señor que recolecta la basura, “lo paga el pueblo”, y de justicia y de derecho es que el pueblo demande y la autoridad atienda, “El que paga manda y si se equivoca vuelve a mandar”, y si no, de tonto se anda, versa un antiquísimo refrán popular. Ya ni es necesario ponerse a observar con detenimiento para poder darnos cuenta que la precaria situación por la que estamos atravesando, va dirigida siempre a la inmensa minoría. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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