Abriendo puertas.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

“En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. A sus prisioneros no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala, les hacía formar un círculo y les decía: -Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta. Casi todos elegían ser muertos por los arqueros.

Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al rey se dirigió al soberano: –Señor, ¿puedo hacerle una pregunta? –Dime, soldado. –Señor, ¿qué hay detrás de la puerta? El rey respondió: – ¡Ve y averígualo tú mismo! El soldado abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraban. Y, finalmente, sorprendido, descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía a la ¡Libertad! El soldado, embelesado miró a su rey, quien le dijo: –Yo les daba la oportunidad de elegir, pero por temor preferían morir a arriesgarse a abrir esta puerta. ¿Cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo de arriesgar? ¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños? Perdamos el miedo de abrir nuevas puertas”.

Mientras no salgamos de nuestra apreciada y venerada zona de confort, todo estará más que bien. Desafortunadamente, todos tenemos inmensas posibilidades de establecerla a placer relativamente sin ninguna complicación que nos lo impida. Confort, según el Diccionario de la real Academia Española de la Lengua, es una palabra que proviene del francés confort, y este del inglés comfort y significa aquello que produce bienestar y comodidades. En psicología, la zona de confort se refiere a un estado de comportamiento en el cual operamos en una condición de ansiedad neutral, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin riesgo. Es decir, un conjunto de límites que, sutilmente, acabamos por confundir con el marco de nuestra íntima existencia. El concepto Zona de Confort, define muy gráficamente nuestro acomodo cuando renunciamos a tomar iniciativas que nos permitan gobernar nuestras vidas. Buscar nuevos horizontes, alcanzar nuevas metas sería tan sencillo si nos atreviéramos porque cuando abandonemos el camino más trillado aparecerán nuevas alternativas que merecen ser consideradas. La reflexión anterior propuesta por el Profesor venezolano Ángel F. Arvelo, nos invita a transitar sobre sendas diferentes, nuevas, sin temores ni ansiedad, sin preocupaciones ni impaciencias ante futuros inciertos, pues es en ellos donde con paso firme se encuentran muchas oportunidades que pueden cambiar considerables cosas para mejorar nuestra existencia y manera de vivir la vida. No nos demos el “lujo” de quedarnos sentados a mirar, como el chinito, el paso de los triunfadores. Intentemos mejor ser uno de ellos. La vida es tan bella y tan corta que no merece desperdiciarla haciendo nada que mejore nuestra existencia, procurando también el bienestar de los demás. Nuestros logros, nuestros triunfos y éxitos, deben a otros beneficiar, puesto que con muchos de ellos logramos lo nuestro. No lo olvide e inténtelo siempre, verá que no se arrepentirá. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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