Formalismo.

Por Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

Las personas que adoptan una actitud formalista son las que se caracterizan por un gran celo en conservar y vivir acorde a las formas sociales, los preceptos morales y las buenas costumbres. El seguimiento en todo su esplendor de la virtud, como poder o potestad del buen obrar, de tal modo que les llegan a crear conflictos emocionales y existenciales con todas las personas que no hagan o digan lo que está estipulado en los modos y costumbres establecidos por su entorno social determinado.

Las personas formalistas suelen ser demasiado escrupulosas y meticulosas para sí mismas y lo exigen de los demás, el trato con alguien formalista será siempre con excesiva educación y con enorme cuidado en los modos de comportarse y expresarse propios; esto, para no incomodar y no sentirse a disgusto por algún juicio despectivo que ciertamente se hará por un formalista, denunciando la falta de educación y modos correctos. Otra característica muy marcada en este tipo de comportamiento, es la intolerancia que muestran hacía otra forma de ser y de pensar pretendiendo siempre estar en lo correcto al corregir o dar consejos. Todos tenemos algo de formalistas en nosotros mismos y principalmente lo sacamos a la luz cuando pretendemos hacer respetar o notar un ideal o modo de ser propio, pero aunque existe este resquicio de formalidad en todos, es claro que no todos lo tomamos como modo de vida en nuestro comportamiento cotidiano. Quizá para algunos sea también una careta más de hipocresía que ostentar al caminar por la vida, aparentando ser una persona de seria formalidad, aunque en otros círculos sociales donde se mueva sea todo lo contrario. A veces pasa. Un viejo amigo me preguntaba hace ya algún tiempo, ¿cómo es posible que tu escribas para este prestigiado medio si eres una persona alegre, dicharachera, ocurrente? (otras formas de decir “eres un desmadre”, que fue lo que realmente me dijo). No trasmites lo que realmente eres. Yo al respecto le conteste que lo importante es no perder de vista el suelo. Todos tenemos múltiples facetas en nuestra personalidad, algunas ocultas que aún no conocemos, pero invariablemente la prudencia y la tolerancia, además de otras virtudes más, deben gobernar siempre nuestra actitud ante todas las situaciones y circunstancias en las que nos encontremos.

Nosotros siempre debemos mantener el respeto ante todos sin ser necesariamente una persona formal. El hacer juegos de palabras con alguien, chascarrillos, cuentos agudos y picantes, anécdotas ligeras e ingeniosas o frases de doble sentido o graciosas, no indica necesariamente que podemos saltar esa barrera que debiera ser infranqueable, del respeto que todos merecemos. Considero que a veces es necesario romper la tediosa rutina del trabajo o del estudio y convivir sana y amenamente con nuestros seres queridos, y las personas que nos rodean, siempre en un ambiente sano, recatado y en confianza pero manteniendo siempre las distancias que impone el respeto, la prudencia y la tolerancia. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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